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lunes, 4 de noviembre de 2024

LOS POBRES NUESTROS SEÑORES

La verdad que ha sido una semana frenética. Trabajos en M’bata, viaje a Bangui y Consejo Parroquial, aderezado con la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos… no ha quedado mucho tiempo como para sentarse y compartir unas letras, como es  puntual y costumbre. Imagino que encuentre la disculpa de quienes os acercáis a estas crónicas y que por cierto hoy ya pasamos un ciento largo de veintemil lectores.

El muro ya está terminado, por fin, y ahora sólo queda  la embocadura de la puerta y darle a todo él la terminación horizontal que recorra todo su perímetro y lo proteja, especialmente de la lluvia. El viaje a Bangui estaba  motivado por la compra de diversos elementos que ya nos son necesarios para ir terminando y preparando la siguiente obra, que será la rehabilitación total de la casa de los chavales aka que tenemos escolarizados y el arreglo de una cocina cuyo uso siempre está al servicio de todos los acontecimientos y reuniones que concitan aquí a diversos colectivos durante el curso. 

Un viaje tedioso en el que el divertimento principal  ha sido ir esquivando el deteriorado camino, ahora lleno de agua. El precio que hay que pagar para ir a Bangui es alto. Apenas 120 kilómetros en los que empleé cuatro horas y media para ir y a cinco para regresar al día siguiente. Como aquí se aprovecha toda ocasión, el obispo me pidió pudiera traer a una persona aka que meses atrás había sido operado, dándole con ello una nueva oportunidad sobre este suelo. Contacté con él y quedé que al día siguiente a las 08:00 lo recogía en la emblemática parroquia de Fátima. Es una pena, pero es así, que para comprar una miserable crema para los dientes haya que pasar por este calvario de viaje. No digamos ya si lo que precisamos son cosas más elaboradas como unas grapas, unos sobres o papel higiénico. Para todo hay que programar y realizar este cansino periplo. Bangui, ruidosa, sucia, populosa y llena de imprevistos por todos lados…

Aproveché a comprar todo en el PK5 y después disfrutar de u merecido encuentro con Pepe, quien ya tiene la primera fase del proyecto casi realizado Me dice que nota las diferencia entre Angola y esto… yo ya  lo advertí también al poco de estar  aquí. Por goleada, aquí hay más miseria, en todas sus variantes, física, moral, estructural y humana. Compartir su sentido del humor es bálsamo para tanta penuria que nos circunda y antídoto para el desaliento.

No podía salir tan bien la jornada de regreso como la anterior. Eran las 9:30 y estábamos saliendo de Bangui, porque la persona en cuestión, estaba a la hora y lugar indicados, sí, pero como siempre hay una parte del iceberg que no vemos. Tocó ir a recoger a su mujer e hija (siempre es así cuando te dicen si le puedes llevar, y aparecen otras personas y enseres que va en el tándem). Me cuesta acostumbrarme todavía a estas actitudes. Así, haciendo un recorrido penoso por unas calles y ambientes que prefiero no describir ahora, llegamos a una “casa” donde esperaban ellas y un gran equipaje. Todo al punto excepto la medicación que la dejaría olvidada y habrá que volver a por ella con motivo de otra visita a la Nínive  del Oubangui. Al pasar por la capilla de Bokanga, celebramos la eucaristía de clausura del mes de octubre, mes del rosario, con la Legión de María. Celebración y ambiente muy cordiales y animados. Al llegar a M'bata dejé a la familia e su misma casa y compartí con ellos una buena parte del ofertorio de Bokanga con el pretexto de poder celebrar bien el retorno al hogar y con salud.

Los días siguientes estuvieron marcados por la liturgia de los primeros días de noviembre. El día del Consejo parroquial, nuevo ya, formado por 40 personas, (más de cien es lo que me encontré y resultaba inviable), nos ocupó seis horas, sólo interrumpidas por un suspiro de quince minutos. Hemos organizado el Grupo de Jóvenes, así como las comisiones de Justicia y paz y Laudato si, inexistentes hasta ahora. Además hemos apuntado algún que otro asunto de calado. 

Por fin, de nuevo, domingo y en Mokinda la Eucaristía como siempre muy sencilla y participada y sentida. La pobreza del lugar o fue inconveniente para que en el ofertorio hubiera una calabaza, dos pequeños manojos de plátanos y una pastilla de jabón. La tarde la dediqué a descansar y poner en claro algunas de las experiencias vividas, donde sobre todo destaca el señorío de los pobres y así lo que podría ser considerado como abuso de confianza, es sobre todo prueba para nuestra paciencia y ejercicio noble de la caridad. 

domingo, 22 de septiembre de 2024

TAMBORES EN TIERRA Y CIELO

Nunca un domingo es un día cualquiera. Cuando este año bauticé en Mokinda, muchos de los catecúmenos eran de un poblado cercano, de Wele-Wele y así cuando ahora programé, al día siguiente de llegar de nuevo aquí, el plan dominical para setiembre y octubre, no dudé en consultar al Yaya-Kota, la posibilidad de comenzar por esta comunidad.  Así podría comenzar una novela, pero hoy toca describir la realidad. No tienen ni capilla, de ahí que acudan domingo tras domingo a Mokinda. Le propuse celebrar la eucaristía dominical en el campo. Teníamos que ponernos primero a bien con el cielo, dado que la lluvia se hace presente y amenaza por todos los rincones. Y así hemos llegado al día de hoy, precedidos de una noche de relámpagos y truenos que a muchos hicieron temblar y sospechar con una fiesta aguada. Este era el ambiente escéptico que se respiraba en el consejo pastoral de sector de ayer, que aúna las capillas de Gbokia, Mbata y Mokinda. ¡Pero no! Estaba de Dios el que hoy su presencia fuera real en medio de esta gente y así amaneció un domingo gris que en apenas hora y media dio paso a un sol precioso.

Laudes, desayuno, últimos preparativos y al coche. Me acompañan Mario, Olivier y Messi. Por el camino recogemos al catequista y recién elegido ayer yaya kota de este sector, Mathias. La expectación se percibía ya por el camino, donde kilómetro que se avanzaba íbamos recogiendo cada vez más gente. Los chavalines sirvieron como el corcho blanco de embalajes  o el plástico de burbujas, para evitar que los adultos del cargamento se moviera, ocupando hasta los resquicios más sutiles de la pick-up. Llegamos y…. pleno total. Habían elaborado, como lo suelen hacer muy bien, una construcción con palos, telas y ramas, estructura que cobijaba una mesa  y un tronco grande de árbol que, adornados con unas telas verdes aludiendo al tiempo ordinario en el que estamos, eran el altar y el ambón. Pobre pero bella y dignamente preparados. Saludos efusivos de recibimiento tras los que, después de preparar todo, les propongo comenzar con la celebración del perdón. Y así a la sombra de una miserable casita, dos sencillos asientos, fueron el escenario en el que acogieron muchos este don. Primero ellas, mayores, mamás y jóvenes. Después ellos. 

Tras una hora y algo de confesiones dio comienzo la fiesta de la Eucaristía, fiesta porque rezumaba alegría por cada rincón a ritmo de los tambores de la coral. Hoy la comunidad de Mokinda ha tenido que hacer el camino que tantas veces han realizado a la inversa ellos, pero aquí estaban todos. Un grupo de una quincena de Akas nos acompañan también. Toda la misa fue un himno bonito dirigido a quien hace camino con nosotros y nos anima a preocuparnos los unos  de los otros para encontrar en el servicio el mejor distintivo de ser sus discípulos. Expresión de ello ha sido el generoso ofertorio de frutos del campo que han dispensado a la misión. Y en medio nos pone hoy Jesús a los niños, aquí en multitud, para que aprendamos a ser como ellos, alegres y confiados. El final es apoteósico porque me arranco también a bailar con ellos, como David, una danza sencilla pero en la que se contornea todo el cuerpo, rompiendo con este gesto los gritos de alegría de toda la asamblea. Tienen conciencia de que Dios hoy les ha visitado, por eso, me dijeron, no fuimos debajo de un árbol si no que celebramos en medio del poblado. Les agradecí el que acogieran a los Aka, muchos de los cuales no son ni siquiera cristianos, pero sí todos cordiales, curiosos y respetuosos. Sienten también con todo esto la cercanía de Dios a sus vidas. Todos me piden que esta comunidad sea puesta bajo la advocación de san Eusebio, en tanto que el primer católico y catequista de la misma llevaba este nombre.

Tras la comida, ya sí a la frescura de un árbol sombrío, regresamos a Mokinda. El coche a rebosar de niños, que como si hubieran pagado una plaza, ocuparon pacientemente desde la conclusión de la celebración. Despacio y al ritmo de sus cánticos llegamos a Mokinda donde los dejamos, no sin antes ayudarnos a cargar en su lugar, piedras que ya habían recogido con anterioridad y que transportamos para terminar con la fundación del muro de la misión. Una joven mamá con su peque en brazos, nos pide acercarla a Mbata para poder vender allí dos sacos de Mandioca, sacos que para ahorrarle la tarea le hemos comprado para hacer frente esta semana a los casi cien catequistas que esperamos para formación.

Y así se ha pasado el día, en el que ya por la tarde, de nuevo el tambor celeste nos recordaba que lo vivido había sido sólo una tregua, un regalo para poder vivir lo que hemos compartido.


viernes, 19 de abril de 2024

MARIPOSAS NEGRAS

 Noche de cuartos de final. Aquí el futbol levanta realmente pasión y es buena herramienta para socializar. Camisetas del Barça hay por doquier. Samuel Eto’o es el responsable de hacerles creer que pueden salir de esta miseria y encumbrarse en las elites del mundo. Incluso abundan aquellas que no permitieron utilizar a cuenta de sus implicaciones políticas de independencia. Se ve que algún contenedor de aquellas que debieron ser negocio en casa, lo fueron de otro modo aquí. 

Salgo con Ben por la noche hasta el borde del camino, en el mercado de M’Bata, donde una casa en madera tenía en una pizarra anunciado el partido del Madrid con el Manchester City. Vsionado al módico precio de 100 francos cefa, unos 0,16 €. La aglomeración de público y el calor son más poderosos que el atractivo del encuentro y decidimos regresarnos y seguirlo por radio. Trepidante desarrollo y emocionante desenlace a favor nuestro. Saben que simpatizo con la escuadra merengue, ignoran que es por mi condición castellana nada más, y el día después es día de bromas.

Grandes bandadas de mariposas negras que revolotean de modo frenético formando grandes círculos cuando se posan en el suelo y como un enjambre llenan el espacio cuando remontan sus vuelos de constantes e incesantes movimientos de alas. Mariposas negras que la población respeta porque de ellas saldrán ese preciado producto de sus gusanos, el Makongo que les llevará dentro de unos meses a dejarlo todo para iniciar esa campaña de su recogida y posterior venta. Estamos en el final de estación seca que se resiste a dar paso a la época de lluvias.  Temperaturas elevadas que tienen también agostada  a la población autóctona, nada acostumbrada a tan elevadas temperaturas. 

La llegada de José Carlos de España, trae consigo el que pueda hacerme con su libro “Los barrenderos de Bangui”. José Carlos era misionero comboniano y ahora trabaja en Unicef. El libro recoge relatos breves en clave positiva, de esta humanidad centroafricana. Muchos datos inmersos en una lectura ágil, permiten tener una visión de conjunto de la reciente historia del país y poder entender un poco mejor la razón de su situación actual.  Una lectura que me gusta y me atrapa. 

Decido acercarme a Mokinda para entregar a Henri unas muletas. Le han cortado una pierna a cuenta de una herida que se hizo con el machete y caminar con un palo se le hace imposible. Cuando me ve bajar del coche con su pedido, él sentado debajo de un tejadillo, se pone de un salto en pie y me manifiesta su profunda gratitud. Podrá pasarse por el poblado despacio pero sobrepasar los límites que hasta ahora le había marcado su muy limitada movilidad. Nos encaminamos por el sendero del mausoleo del presidente  David Dacko en busca del catequista Mathias. Un árbol caído corta la carretera, escena habitual para quienes me acompañan que en un momento hacen una oquedad por la que pasa el vehículo sin problemas. El monumento funerario, como todos los que hay por aquí, de dudoso valor estético e incluso hasta de mal gusto. Este recinto acoge a quien fuera el primer presidente de este país, una vez lograda la independencia, sufrió también el ser derrocado por un golpe de estado, la prisión. En su haber tienen haber sido el fundador de varios partidos políticos y haber sido elegido de nuevo presidente para de nuevo ser depuesto por esos caprichos de la historia. Murió en el destierro, en Camerún, pero sería enterrado aquí , su pueblo y su tierra. Una lección de historia en medio de una foresta que amenaza con fagocitar este constructo de cemento conforme los planos del mal gusto..

Y así llegamos al día en el que paso año. Día que se desarrolla con toda normalidad y gracias a Dios con todo sigilo, porque aquí son muy cumplidos, demasiado diría yo, para estos acontecimientos, así que recibo el mejor regalo, el poderlo vivir con tranquilidad y discreción, como siempre lo he intentado hacer. Un cumpleaños vivido lejos, pero cerca, preparando la jornada de formación para aquellos que llevan las frágiles y maltrechas economías de las capillas. Unas sencillas nociones domésticas de ingresos, gastos y saldos, compondrán junto con una lectura de lo que significa esta dimensión, aparentemente tan poco espiritual pero tan necesaria, en la vida de la Iglesia.


lunes, 27 de noviembre de 2023

MOKINDA

Apenas siete kilómetros la separan de M’bata. Mokinda es una pequeña población que dese hace cuarenta años hay comunidad católica. Hace treinta que su pequeña capilla dedicada a San José recibe a los que llegan a la población, como la primera casa anfitriona. Apenas una salita destartalada, cubierta con una techumbre, al interior de techo de madera rasa, como único artificio y belleza. Una sencilla cruz de madera en la pared frontal y una desvaída lámina de san José.

Estuve  ayer también para conocerles y darles la última sesión de su preparación. Son seis chicos y dos chicas. Reciben el Bautismo y la eucaristía. La carretera nos difiere del resto de las ya acostumbradas, si acaso está destaca por tener una zona de hoyos más profundos los que hasta ahora me he topado. El trayecto dura 25 minutos y hoy al llegar, el poblado estaba en fiesta. Fácilmente se les distinguía a los neófitos, porque vestían todo sellos, trajes realizados para la ocasión en color blanco. Las familias, los padres y madres esperaban para saludarme con afecto. Cargado con unos cuantos músicos y todos sus instrumentos hemos llegado y mientras yo preparaba las cosas del altar, ellos ultimaban sus canciones. 

Unos palos hincados en el espacio que dista de la puerta de la capilla a la carretera, cubiertos con una vieja y sucia lona agujereada sobre la que descansaba alguna vegetación, cortada, al efecto, hacía de estructura para cobijar a la coral y al resto de los fieles que acudidos en mayoría, no cabrían de otro modo dentro del diminuto templo. 

La celebración se ha desarrollado con tono festivo al uso de, aquí celebran todo. Cantan bailan gritan digamos que es toda una expresión corporal, la que manifiesta su sentido más profundo su espíritu. Los chicos han estado muy atentos, participando y respondiendo acertadamente. En aquello que el ritual señala deben expresar de forma responsable y pública. 

En la homilía, les he animado, a disfrutar de la condición de hijos de Dios y de hermanos, entre todos. De igual modo, al hilo del evangelio de esta solemnidad de Cristo Rey, les he advertido que el lugar privilegiado dónde se encuentra Dios, es siempre el otro, el prójimo. Sin lugar a dudas ha sido un bonito domingo cargado de ese deseo de entender en qué consiste el reino de Dios y como vivirlo y hacerlo posible.

El ofertorio ha marcado el tono y del ser de esta comunidad. Racimos de bananas y plátanos. Todo ello evidencia la pobreza y sencillez de quienes la forman. La generosidad, de igual modo, es patente en la abundancia de estas ofrendas. La acción de gracias final es una eclosión de alegría, que estalla aún si cabe más cuando perciben que el sacerdote, se une a sus sentimientos y lo expresa con un tímido ritmo corporal suficiente para que valoren el gesto.  En el suelo de esa pequeña campa una pequeña con su diminuto hermanito en brazos, me recuerdan la estampa permanente de este país. Del otro lado, otra pequeña, ayuda a su mamá limpiando raíces de mandioca, haciendo tan noble gesto de un modo del todo peligroso, tomando en su mano el filo del machete de su papá. Un joven de 35 años con una pierna amputada, se acerca hasta mí para saludarme y presentarse. Este es el panorama común de tantos poblados en los que se repiten estas escenas, extrañas, peligrosas incluso para nosotros, pero que aquí están al cuidado de la inocencia. 

El regreso, además de músicos e instrumentos rebosa de los productos ofrecidos , pero sobre todo de la satisfacción de quien se ha sentido acogido como bendito quien se ha acercado hasta ellos en nombre del Señor. Un detalle final que me emociona. El óleo de catecúmenos y el santo crisma que he utilizado, son los consagrados en Zamora en la última jornada crismal diocesana. Un signo más de la universalidad y comunión en la Iglesia. 



FIN DE PISTA

Hay palabras y lugares que todos guardamos en el libro de nuestras vidas con una honda significación y sentido. Todos tenemos palabras, olor...