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domingo, 9 de febrero de 2025

PETEVO

Estando en la tienda de Hazam, recibo la llamada de Savio. Savio es el rector del postulantado de los combonianos en Bangui. Un brasileño jovial y cercano al que le han confiado esta importante labor. Me solicita si mañana podría sustituirle y celebrar la eucaristía con los jóvenes aspirantes y estudiantes. La celebración será a las 06:00. Imagino sepa llegar, porque sólo he ido una vez y ésta entre dos luces al caer de la tarde. Salgo de casa también entre dos luces, pero éstas de amanecer. El camino es difícil, no por la carretera en sí, que ya conozco, cuanto por la cantidad de motos que ya están en circulación. Unas van con luces, no digo dirigidas dónde, porque más que alumbrar, deslumbran. Otras muchas se confían a las sombras y van sin señal luminosa alguna. Ya sabemos que aquí las motos van como mínimo con tres o cuatro personas. En el cinéreo cielo, se perciben las luces de un avión que se prepara a aterrizar y cruza la populosa carretera.

Paso el enclave de Petevo, un cruce muy concurrido y conocido aquí y continuo en dirección PK9. Tomo la carretera des Soeurs y el cartel de la escuela Sophia, me indica la referencia que en su día memoricé donde he de girar a la derecha para tomar ya un camino en toda regla. Dejo a un lado el seminario de los capuchinos, la mencionada escuela, la CECA y en el esquinazo el seminario de la Société des Missions Africaines, los universalmente conocidos como padres blancos. Al lado está el postulat al que accedo por una gran puerta y en el amplio jardin, oscuro aún, destaca iluminada la capilla, un pequeño edificio coqueto y exento. Dentro están en oración personal unos veinte jóvenes, entre estudiantes de teología, filosofíay los del propedéutico. Una Eucaristía muy digna, animada al gusto de esta tierra y muy finamente acompañada porla percusión nada estridente de un tam tam, una maraca y un caxixi, el que dicen es el instrumento más antiguo de este continente.

Tras la celebración, presidida por un Cristo abisinio sin cruz enmarcado con motivos tribales, desayunamos en un ambiente distendido. Conozco el corazón de esta casa (capilla), les digo, pero me falta ver los pulmones: la biblioteca. Me enseñan un espacio amplio en el que unas estanterías de hierro albergan libros cuya tonalidad del conjunto es el amarillo. Están alojados bajo tres epígrafes: Teología, Liturgia y Santos. En la otra parte de la sala, otra estantería aparece repleta de revistas de la misma tonalidad que los libros. Entre ambas, una serie de mesas individuales con papeles con diversos nombres, y alguna pertenencia, delatan su uso por algunos residentes. Las salas tienen nombres de ciudades bíblicas: Jerusalén, Alejandría, Roma, excepto la que hemos visitado que lleva por nombre "La Sorbonne", no se si como deseo o como sorna.

Han acabado sus exámenes y dedican estos dias a diversas tareas en el centro hasta que retomen el curso en una semana. La verdad que la formación en este sentido es un reto grande. Por lo general no es de muy buena calidad, a pesar de que sus profesores hayan sido formados fuera. Al Seminario Interdiocesano, cerrado por Roma hace algunos años,  acuden casi todas las congregaciones. Tampoco es muy buena solución el Colegio Urbaniano de Roma, donde se forman algunos y no sabemos si se resignarán a volver y de hacerlo cómo lo harán. Vocaciones hay muchas pero....la formación es muy deficitaria. Nunca he visto a ninguno de los stagier o diácono que han estado viviendo conmigo, tomar un libro. Y no sería porque no tenían el ejemplo en casa. ¡Todo un reto para estas iglesias!

Vengo en el coche pensando estas cosas mientras la carretera se ha llenado si cabe más de ruido, vida y movimiento. Carros llenos de maderas, o de sacos de carbón, o de ternera abierta en canal, son empujados por jóvenes hasta sus puestos de venta. Motocarros cargados hasta la saciedad de plátanos o de engrasadísimos bidones de fuel, se mueven desafiando arquitecturas de carga imposibles y en todo caso de equilibrios milagrosos. Coches de ONU, Médicos sin Fronteras, Unicef, ya pululan como siempre en cantidad y con habitáculos de insultante y cara como so sabemos,  plaza de a uno. Cada coche de la ONU cuenta con una wifi movil propia. Todo ya está en vorágine y entre medio de todo, las incontables motos. En medio de la carretera un camión parado, lleno de cajas de cerveza flanqueado y vigilado por unos cuantos. Se ha quedado sin neumáticos traseros, que destrozados, lo han embarrancado en el centro de la calzada, haciendo de ello obstáculo que evitar. El tumulto del percance hace necesaria la intervención del tráfico por parte de no pocos jóvenes que con atuendo militar y fusiles, subfusiles y metralletas, mueven sus brazos como molinos creyendo con ello que alguien les hace caso y todo fluye mejor. Asustan más que ayudan. Lo cierto es que después de las noticas de esta semana en Bangui, Bodjomo o Douya, ver soldados inquieta cuanto menos. 

De regreso, de Bimbo, paso de nuevo por el Petevo, este barrio que toma su nombre de Georges Kpeketevo, el primero que se asentó en este lugar. Un mítico pro hombre que lo tenía todo, buen carácter, hijos y buenas costumbres. Espacio y lugar donde siempre han convivido en buena relación diversas etnias. Habrá que invocar su espíritu para que si puede, se haga de nuevo presente con más intensidad por estas fechas nuestras.

sábado, 7 de octubre de 2023

BUNGBI

Cuando me pongo ahora a escribir, lo hago después de varios días sin conexión. Cuando falte a la cita unos días… ya os podéis imaginar. He estado en M’bata y la señal es débil.  Si el pasado fin de semana concluyeron aquellos días de asamblea diocesana, desde el jueves hasta el domingo hemos celebrado el consejo pastoral de la parroquia de M’bata. 107 personas acampadas en las instalaciones de la parroquia. Son los representantes de las 12 capillas en las que se organiza el territorio de la parroquia. La parroquia tiene 12.000 fieles, el resto de las capillas unos 38.000. Un día para hacerles partícipes de la asamblea diocesana. El otro, para tratar asuntos de la parroquia. Participan también los movimientos que la forman en más de una veintena larga. Días de escucha compartida. Días en lo que percibo la buena acogida a mi persona por parte de todos: niños y jóvenes en multitud, y adultos. 


Aquí hablan todos y todos se escuchan. Aun discrepando lo hacen con grande respeto. Ahora mismo vengo de la reunión de los monaguillos que en número de unos 50 son dirigidos por jóvenes. Es impresionante percibir el respeto al mayor, aunque éste sea joven. Se reúnen dos días por semana, rezan, leen el Evangelio, reciben la formación y se programan. El criterio de autoridad lo vertebra todo. 

Son un ejemplo, también ellos, en algún aspecto, ¿no?. En M´baïki he dejado a un grupo de 25 catequistas de todas las parroquias que durante cuatro meses reciben una formación pastoral, teológica y bíblica. Y ocurre lo mismo. Acampan con sus familias en esta experiencia de larga estancia, se procuran de todo, labran sus huertos, cuidan sus gallinas, hacen trabajos de madera de aquello que necesitan, o de albañilería, o de costura. Se organizan para una estancia y experiencia de meses, hasta Navidad.

Se percibe el omnipresente problema de la escasez de recursos y de dinero. Sufren las consecuencias de un país no comunicado, carente de carreteras y servicios. Son víctimas también de sus tradiciones que les hacen a menudo caer en supersticiones, sectas, santerías. Los catequistas son pieza clave para mantener la fe de los cristianos entretanto llega el sacerdote. Imaginaos que un territorio como Galicia es atendido por 22 sacerdotes, de los cuales sólo 7 son gallegos. Otros 10 son religiosos de diversas congregaciones, por lo general de fuera y 5 diocesanos (1 de otra diócesis de este país, 2 polacos y 2 españoles). La diócesis es grande en extensión y pequeña en medios. Una de las prioridades precisamente es el seminario, cultivar vocaciones de ellos mismos para ellos mismos. Tardarán unas décadas en ello, no en vano la diócesis es de reciente creación (1995). Una iglesia local que no es perfecta, como todas y en la que conviven las grandezas con las miserias.

Como están tan faltos de formación, aquí todo es “Bungbi”, esto es: reunión, convivencia, encuentro. Todos se saben parte de un todo que hay que cuidar y construir. Conscientes de su pasado, no lo son de su futuro, por eso valoran y estiman el presente. Es una de las lecciones de esta tierra. Las programaciones están muy bien pero cuando hay que hacer algo aquí, hay que hacerlo ya, porque eso de “¡mañana!”, en estas coordenadas no funciona. El mañana está a merced de demasiados condicionantes, alguno de ellos muy elemental, como la misma climatología.  

Una religiosa ruandesa me decía hace nos días: “Padre, ¿te imaginas nacer aquí, vivir aquí y morir aquí, como la gran mayoría de esta gente? Ajenos a otro mundo, preocupados por el día a día, viven inmersos en una cultura de supervivencia. De ahí que resulte un tanto difícil hacerles partícipes de alguno de nuestros principios para vivir. Estamos ya entrando bien en este mes y aún muchas escuelas no han comenzado sus cursos, que oficialmente estaba marcado para mediados de setiembre. Todo esto te hace pensar sobre la tiranía estructural de la pobreza. 

En cualquier caso hay que ser consciente de que los protagonistas de salir de esta situación son ellos mismos. Nosotros sólo les acompañamos, es verdad que de muchos modos, pero firmemente convencidos de que no se hará nada sin ellos, con ellos y por ellos. Quizá un buen comienzo para esto, sea precisamente estar unidos. Esta esperanza es alimentada cuando se contempla el rostro de la pobreza y ves que también, como nosotros, sonríe.

sábado, 26 de agosto de 2023

EL NIÑO DEL ESPEJO

Su nombre indica que “puede con todo”. Acaba de venir de la selva interior, de la campaña del “macongo” con su familia. Apenas ha aparecido por el poblado, se ha acercado a la iglesia para ayudar a misa. Arrastra una tos que seguro habrá contraído en el seno del bosque, tras vivir un mes allí bajo unos ramajes que apenas le habrán servido para protegerse de la abundante lluvia caída estos días. Su hermano más pequeño le acompaña siempre, también lo hace incluso al grupo de monaguillos.

Pancrace, ya sabéis, es mi guía en los paseos por los contornos. Vamos hablando y a la par compartiendo sus gráciles pasos con la frescura de sus palabras. Cuando no le entiendo, se pasa al francés. Porque Pancrace ya habla en un tono más distendido y más fuerte. Ha superado la timidez de los primeros días que apenas le hacían tener un tenue filamento de voz que resultaba imperceptible. Un niño jovial, cercano a la vida de la Iglesia. Hoy en la Eucaristía comulgó el primero, como hacen los monaguillos, y él tenía el servicio de la credencia. Tras comulgar, llegó a su sitio y sentado con la mirada baja, se mantuvo concentrado en Quien acababa de recibir en su interior. Ante tal escena, yo mismo me acerqué a la credencia y tomé el agua para purificar el cáliz. Quizá lo que se hubiera esperado del monago es que estuviera atento a cualquier mínimo movimiento que requiriera su servicio. Pero Pancrace, escogió la parte mejor, dejando las inquietudes para otros o para más tarde. Se mantuvo dedicado en intimo silencio a la oración.

Su papá togolés, maestro de obras. Dicen era de los buenos. A él se deben algunas cosas de la parroquia en M´bata. Desarrolló la enfermedad africana por antonomasia a cuenta de la guerra que tras sumirlo en parálisis, acabó por llevárselo. Para colmo de desgracia, su madre infectada también, moriría poco después. La abuela se hizo cargo de ambos pequeños. Estos detalles me los contó el obispo al traerme a finales de junio al poblado. Datos sugeridos al paso del todoterreno  por la puerta de su casa. Yo aún no le conocía. Al acabar este año su quinta clase en la escuela parroquial, pidió entrar el curso próximo al Seminario Menor en M´Baïki.  Hoy le han comunicado mediante una carta con todos los detalles que  ha sido admitido Ya sabe el día de comienzo, las cosas que ha de llevar, entre ellas ropa y una biblia. La carta concluye con el pago del curso completo: 128.500 frcfa,  unos 196€. 

En Pancrace, he visto a un niño que un día quiso ser misionero. Un niño que fue feliz en un seminario, también en rojo ladrillo. Un niño que creció de la mano de Quién un día pronunció su nombre. En él he visto el deseo tierno y sincero de aquél niño que hoy ve con creces recompensado su latido. Un niño que tuvo más suerte que él al vivir y compartir con sus padres este ministerio. Un niño que también precisó ayudas para lograrlo. Agradeciéndolas, un día, ajustó las velas del cascarón de su llamada y se lanzó a mares más amplios, asido suave y fuertemente por Quién contó con él desde el principio para esta tarea. Un niño que no quiere dejar de serlo nunca, aunque sólo sea un poco. Un niño que se ha encontrado con otro y en sus miradas se ha cruzado misteriosa y silentemente una pregunta: “¿qué puedo hacer yo ahora por ti?”. Pancrace está contento, quizá preguntándose cómo será el seminario, su litera, sus compañeros… Pancrace lo tiene ahora ya todo ahora para ceñirse e ir donde quiere y, todo también para un día quizá dejarse ceñir y afrontar nuevas y amplias sendas.

FIN DE PISTA

Hay palabras y lugares que todos guardamos en el libro de nuestras vidas con una honda significación y sentido. Todos tenemos palabras, olor...