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miércoles, 13 de diciembre de 2023

ESTAMPAS

Son una estampa real y típica de estas tierras. Cantidad de pequeñas, porque por lo general son niñas, que a sus espaldas cargan al modo de sus mamás, a lo hermanitos más pequeños que se les ha confiado. Y así las ves por caminos, praderas y claros. Son en verdad pequeñas las que han de hacer de mayores y pequeñitos sus  hermanos. Contemplando a una parejita así, me preguntaba yo qué vinculo vital y fraterno se forjará con semejante custodia. Imagino que impagable. Creo que magnífico. Y es que aquí la vida, con respecto a la nuestra, es como un reloj de arena al que se gira para que lo que antes estaba arriba, ahora lo esté abajo.  Hay cosas que a pesar de todo se mantienen, por ejemplo ese recuerdo agradecido a María en su advocación de la Medalla Milagrosa. Es hermoso contemplar a esa mujer ante María. Conversación espiritual entre África y la Madre....


Hablar de África, como hacerlo de América, Oceanía o Europa, no se pude, salvo en una generalidad física. Ya he notado en algún momento que existen parecidos entre Angola y esto, pero también hay grandes diferencias. Algo normal a como si comparamos un danés con un español. África es sinónimo de juventud. Hay niños y jóvenes por todos lados. Ello es signo de futuro, aunque en este caso sea incierto y hasta inquietante. Según voy conociendo, aquí la pobreza es radical. Las ropas de los niños, quienes las tienen, denotan este zarpazo de humana dignidad. Tejidos raídos, rotos. Sucios sobremanera, aunque los laven una y otra vez en estas aguas cargadas de tintes naturales, sangrados por la misma tierra. Una tierra que da a sus gentes lo que tiene. Las casas hechas de torpes ladrillos del lugar o de ramajes, o de madera heredada del pasado colonial. Techumbres de palmas trenzadas o de estridentes chapas que brillan dejando en evidencia aquellas que lo hicieron, seguro un día, y hoy están apagadas por el óxido. Todo esto en un lugar ecuatorial caracterizado por las lluvias que lo llenan todo durante nueve meses, día si y día casi también. De igual modo tres meses de calor que exhala fuego. Estación húmeda y seca que ponen a prueba todo este entramado humano. 

Y el corazón necesita fiesta y ellos la hacen siempre a golpe de tambor. Ritmos pegadizos, melodías recurrentes que arrancan de todos el canto acompasado que se convertirá en danza en un instante haciendo que todos brinquen y se muevan contorsionando sus cuerpos como una expresión ancestral de que la vida invade y toma posesión de cada uno al punto de hacerle olvidar el instante presente para remitirlo en su vibrante baile, quizá a un mundo paralelo. 

Así es la vida por aquí. Una tierra mal comunicada por tierra donde a los caminos, y senderos llaman carreteras, espacios modelados a su capricho por la lluvia que busca siempre con virulencia el curso del río para unirse ya en ese discurrir incesante de su cauce. Una tierra en la que las telecomunicaciones no son menos difíciles y escasas. Los centros de salud, que en alguna población definen como hospitales, es mejor no conocerlos, llenos de nada o casi nada que pueda remediar o paliar alguna dolencia básica.  De igual modo las escuelas, llenas de niños o de adolescentes, entre cuarenta y ochenta cada aula al cargo de un docente que hace lo que puede de una síntesis imperada entre lo que le pudieron enseñar y lo que ha aprendido. Ante tal avalancha de discentes, todavía aquí vislumbras en algún aula, sobre la mesa del profesor, un trozo de correa de goma anudada en su final, como objeto corrector de disciplina.

Y todas estas estampas son testigos de un ir y venir de Programas de Desarrollo y Cooperación de innumerables instituciones y ong’s desplegadas por todo el país. Quienes contemplan impasibles este incesante discurrir son personas que muchas, visten camisetas o gorras con evidente alusión a la autoridad de país que se dice democrático, en definitiva cómplice y responsable de esta pobreza en una tierra que acude expectante ante un peregrinar incesante de riqueza que se va y no deja más huella en el país que las rodaduras profundas en el barro y las heridas de quienes se sienten abandonados a su suerte. En medio de todo esto, la proliferación de numerosas iglesias que prometen cielos y salvaciones, que se aprovechan de la credulidad de este pueblo. No pierden compás ninguna de ellas, haciendo frente común contra quienes anunciamos que la salvación comienza aquí (ha comenzado ya), en la tierra y que otro mundo es posible.


martes, 5 de septiembre de 2023

DIVINO TESORO

Hoy toca algo de datos, para ir construyendo poco a poco una idea cierta de dónde estamos como Iglesia de Zamora y de cuántos, quienes y cómo son los que pisan esta tierra. Una población de 5,457 millones de personas, según datos de 2021. Entre un 60-70% de la población es joven y cuenta con una tasa de no escolarizados del 70%, es decir, un altísimo porcentaje de analfabetos. Menores de 25 años son el 63,9% de la población y menores de 5 años son el 17,3%. La esperanza de vida está entre 45-55 años, el segundo país con la esperanza de vida más baja del mundo y el quinto con la mortalidad más elevada por enfermedades infecciosas y parasitarias.  Además son los primeros, eso sí  en  tener una de las tasas de mortalidad infanto-juvenil más altas del planeta (220/1000), mucho más que los datos de cualquier campo de refugiados en la actualidad. Esta es la radiografía básica de esta microclima humano.

Informes de todo tipo no faltan, detallados y actualizados. Informes  de las grandes instituciones que justifican acciones que cuesta trabajo descubrir, más allá de sus papeles y programaciones. En medio de esta situación humanitaria encaran la vida los centroafricanos con una distribución por el territorio repartida entre la capital del país Bangui, (603.000 personas, ¡con una media de edad de 18 años!) y las capitales de prefectura, en un  volumen del 36,2%. El resto del territorio (extensión como España y Portugal juntas) es eminentemente rural (70,9%). Las mujeres representan el 54,3% de la población. Resumiendo: un país enorme, muy poco poblado y con una población, la que sobrevive tras los primeros cinco años de vida, muy muy joven.

Desde el punto de vista de las creencias, es una población, como lo es por lo general el africano, muy religiosa. No conciben la vida sin la transcendencia, sin Dios. Así las creencias étnicas (10%), el amplio espectro del cristianismo (80%)y el islam (10%), configuran aquí el mosaico de la fe. Vayas por donde vayas, encontrarás una cruz, una capilla, de unos o de otros. Perviven ideas ancestrales, singularmente nada compatibles con la fe católica (brujería, supersticiones, etc). Los conflictos bélicos son primero bélicos, porque son violentos. Recordemos que aquí todo hombre tiene en casa un machete. Después políticos, porque los sostienen las ideologías y finalmente religiosos, porque quieras o no, todos los implicados profesan alguna creencia. Cuando estás aquí te das cuenta de cómo occidente manipula grandemente la información que vierte de esta realidad, presentando estos conflictos como si fueran de raíz o aderezo religiosos y por tanto se da la imagen de la religión como un elemento social nocivo y primitivo.

Cuando pisas esta tierra de verdad, te das cuenta que un activo de humanidad, de dignidad y de sana convivencia, es la propuesta católica (30%). Escuelas parroquiales, dispensarios, hospitales, internados, lugares de promoción y propuesta de proyectos… todo ello forma parte de la iglesia, además de la liturgia y los sacramentos. La tenue conciencia crítica social y política, emerge también exigua del compromiso con el Evangelio, que más sabe de caminos y gentes que de despachos e intereses.  Respecto a las posibilidades que presenta, a pesar de sus variadas limitaciones, (ser un país de interior, infraestructuras, administración, etc…), digamos que como el resto de este continente, es la despensa del resto del mundo. Materias primas del mundo vegetal, nutridos recursos minerales, plagan el subsuelo de esta tierra cuya población pisa descalza y a la que se aleja de este potencial. Yo creo que su mayor riqueza es su juventud. Tendrá que asumir su responsable papel en la construcción de este colectivo nacional, antes maltratado, ahora olvidado, y siempre explotado, ¡sí!. Para ellos es también el innegable y resiliente tesoro de una tierra que sí aparece en el sueño de Dios. 

viernes, 18 de agosto de 2023

ADRENALINA

Prometía ser un domingo normal. Estoy solo en la misión estos días. La Eucaristía, como de costumbre en sango y la homilía en francés. Los jóvenes me esperan a la salida y me dicen: “Padre, cada día mejor”. Entre los cumplidos percibo, con normalidad, un atisbo de verdad del que soy consciente también yo mismo. Me comunican que me esperan esta tarde para un partido. Pidieron un balón de verdad y ayer lo estuvieron preparando aquí en la misión. La mejor manera de agradecer el esférico  es ponerlo en terreno de juego, verlo serpentear por entre las piernas, rodar y rozar la pradera, buscando una jugada bonita mediante la que cruzar esas estructuras muy sencillas en madera: las porterías. 


Gran expectación se va creando ya a primera hora de la tarde. Juegan los jóvenes del poblado contra los jóvenes de la selva, esto es: “Kodro versus Gbäko”. Muy protocolarios, calientan unos y otros. Unos juegan descalzos con el pie desnudo, otros con calcetines, la mayoría con chanclas de playa, y alguno, los menos, tienen deportivas. Piden foto de rigor, escuchan las instrucciones del árbitro y se dan la mano. Da comienzo el partido. Los de la selva se han traído un grupo de chicas que, “en modo animadoras”, bailan, corean y gesticulan todo el tiempo conforme su equipo hace avances y logra alguna incursión en territorio contrario. Me parece increíble verles jugar tan bien y tan rápido con tan exigua equipación, especialmente en sus pies. Entre ellos, sin orden alguno, camisetas de equipos españoles, franceses y alemanes, sobre todo. Carreras, juego aéreo y… el primer gol. Se adelanta en el marcador la selva. Gritos y saltos en las ensordecedoras animadoras y gran parte de los pequeños. 

A menos de cumplirse la media hora, un lío en el área de la selva. Los del poblado reclaman penalti. El partido se detiene. Comienza la efervescencia de las palabras que da paso a los empujones y…. lo que no se debe de dar nunca y menos en el deporte. La competitividad pone a prueba a estos jóvenes de presurizada agresividad contenida. El ambiente hostil contagia a los espectadores, la mayoría niños, que comienzan también a pelearse y luchar entre ellos. El árbitro, me dice que se va y que si puedo… haga algo. ¿Yo? ¿Qué puedo hacer? Me acerco  y les digo que el fútbol es sólo eso, un juego y que la clave es el encuentro y la diversión. Calcada homilética deportiva de los unos para los otros.

Tras cuarenta y cinco minutos de pausa forzada, acuerdan cambiar de árbitro, y comenzar de nuevo, poniendo a cero el marcador que da paso a un buen juego, rápido, a la par que duro. Con bonitas jugadas se llega al fin de la primera parte. Comienza enseguida la segunda. Tenso, pero juego brillante. Se produce una entrada fuerte con el resultado de un joven herido en la rodilla por contusión. El partido se disuelve abruptamente de esta forma. Le aplican hierbas antes que llegue el Dicoflenaco.  Una tarde que da que pensar acerca de la bomba de relojería sobre la que vive cada joven de este país y cuya cuenta atrás se activa al menor roce. Importante la labor de mediadores y quienes ostentan ascendencia moral sobre ellos. La misma que cada uno de ellos tiene contraída consigo mismo y con los más pequeños. Una tarde  que no ha sido de gran evasión, si no de gran polvorín humano, epinefrina social concentrada. Por cierto, el marcador fue 0 a 0. El deporte impuso su justo veredicto, al menos en esta ocasión.


FIN DE PISTA

Hay palabras y lugares que todos guardamos en el libro de nuestras vidas con una honda significación y sentido. Todos tenemos palabras, olor...