lunes, 19 de enero de 2026

FIN DE PISTA

Hay palabras y lugares que todos guardamos en el libro de nuestras vidas con una honda significación y sentido. Todos tenemos palabras, olores, sonidos, canciones, lugares.... con un profundo sentido en nuestra alma. Quizá porque nos remiten a la infancia, a personas amadas, a experiencias singulares, a vivencias genuinas. Volver a ellas, evocarlas incluso en la evanescente memoria, aunque sólo fuera por un instante, nos permite actualizar su significado, sus emociones y sentimientos. Hacemos presente aquello que nos marcó íntimamente en las dúctiles paredes de nuestro ser más sagrado y que nos remite a la recuperación del auténtico sabor de nuestra existencia. Así me ocurre a mí también con Manresa, este recóndito margen de nuestra geografía. Así me sucede a mí con este pequeño discurso fluvial del Cardenet. Como al ministro de la reina de Saba, me pregunto si el Duero o el Oubangui no son más dignos de ser  más significativos que apenas este pequeño rio que corre con dificultad por entre numerosas piedras y maleza.


Hace unos años, un tiempo ya, crucé este puente medieval después de haber caminado como Ignacio sólo y a pie desde Loiola. Sabéis me detuve por un tiempo prolongado en la orilla de Montserrat, sabiendo que cruzarlo era un gesto gráfico de mi cambio vital para abrirme a la misión de la Iglesia en las periferias de nuestro mundo, en el corazón de África donde la pobreza se hace insultante a la humanidad cuando allí se torna miseria. Y aquí estoy de nuevo, dos años más tarde. Estoy aún en la margen a la que accedí convencido e ilusionado. Estoy del otro lado, el de la cova, pero con el deseo de que en unos días, vuelva a cruzar la orilla que abandoné, desandar el camino que creía dentro del plan de Dios para mí. Él me ha respetado, guiado y protegido durante este tiempo, y también hablado, como a Ignacio lo hizo en la fuente de la Storta, en los aledaños de Roma. También a mí me ha vencido con su voluntad que en ningún momento se me ha impuesto, si no mostrado poco a poco y ahora con claridad. Como Íñigo, yo también he de dejar mi empeño para de nuevo asumir el suyo. A él lo rechazaron aquellos franciscanos de la Custodia de Tierra Santa. De nuevo yo como él debo abandonar el sueño de ir a lo que pensaba mi Jerusalén para volver a la Roma de todos. Vuelvo a casa, con los míos como lo hiciera él también, después de caer herido en Pamplona. 

La experiencia vivida en este tiempo no me permite identificar lo vivido como un fracaso, si no como un aprendizaje añadido. He estado en uno de los escenarios más pobres del planeta y también he experimentado las miserias de la Iglesia. Un conocimiento en cuanto a la comunión, porque en este tiempo he sentido a toda la diócesis junto a mí, sosteniéndome, alentándome, ayudándome. Un conocimiento en cuanto a humanidad, porque me ha permitido acercarme y vivir con muchas personas que viven inmersos en la pobreza extrema y he recibido de ellos lo más valioso, el regalo de su cariño y cercanía, su amistad. Un conocimiento en cuanto a Iglesia universal, porque he vivido la grandeza de sus retos y la generosa entrega de los misioneros y misioneras. De igual modo me ha tocado convivir y sufrir la envidia, ver el rostro del mal que al contrario que Dios, se aprovecha de la vulnerabilidad del comportamiento humano para cebarse y aprovecharse con ello en lograr su perverso propósito amparado por la calumnia, la mentira y la cobardía. Me enseñaron, como un día lo hicieran con la oveja, que hay que tener miedo del lobo, aunque quien al final acabó comiéndosela fuera el pastor.  Un tiempo en el que  he ahondado en el conocimiento interior de mi persona, constatando mis limitaciones, aciertos y fortalezas.

Sobre la misión ad gentes o intergentes, habría mucho que decir de bueno y también mucho que purificar porque en sus pobrezas se contornan en demasía sus limitaciones, sus riesgos, algo así como lo del refrán de que "a perro flaco..." He sido testigo de mezquindades y abandonos. Aún queda demasiada gente dentro de nuestra iglesia que no interpretan acertadamente las parábolas de Jesús. También de igual modo he experimentado la fraternidad tejida en medio de la dificultad. y el consuelo. 

Esta porción de tierra roja y verde contorneada con el ancho negro del discurrir de los rios en los que se refleja el amplio cielo, seguirá siendo siempre la "tierra del sueño de Dios" (Sese ti suma ti Nzapa).


Este blog comenzaba con mucha ilusión con una lasca funeraria de Toro (Zamora) y quiero ponerle término, tras estos meses de silencio y recomposición, con otra muy significativa en mi vida, también funeraria, en este caso en Nyeri (Kenia). Entre ambas hay demasiados nombres. Protagonistas los unos de diferentes historias. Otros, muy numerosos también, como tú ahora, como nunca pude imaginar, (Pasamos de los 42.000 lectores) que os habéis asomado con asombro y fidelidad a cada página de este diario, miradas comprometidas con una porción de humanidad doliente, en la que se experimenta todavía la injusticia y que aún resulta invisible. Nombres los unos y los otros a los que os agradezco infinitamente formar parte de este "alienígena" y que siempre estaréis en mi corazón. A vosotros iba dirigida cada palabra, cada sentimiento, cada pensamiento que han ido acompañándonos en este rastreo de existencia y misión. Quizá algún día todas estas historias se unan de nuevo para ser el argumento de un libro y puede que algo más... 

Por el momento hay que dejar reposar y acariciar cada historia como un signo,  escrito en un papel arrugado y camuflado en el camino. Lenguaje de una vida y gramática de una experiencia, a la que hoy pongo esta señal, grabada también en piedra y, que nada más y nada menos significa: "Fin de pista". Singuila na ala kwe! (Gracias a todos)

1 comentario:

  1. "Buena Caza" y "Largas Lunas": prosperidad y seguridad en las futuras exploraciones, tanto literales como metafóricas. Dios te acompaña. Y ya lo sabes... "siempre listo". Contigo y para ti

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FIN DE PISTA

Hay palabras y lugares que todos guardamos en el libro de nuestras vidas con una honda significación y sentido. Todos tenemos palabras, olor...