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martes, 12 de noviembre de 2024

FINI LEGE

Como si de una señal inequívoca se tratase de que el progreso llega a estas tierras, la carretera que comunica M’Baïki con la frontera del Congo y que pasa por M’bata y Mongoumba, se abre paso de la mano de empresas chinas. Grandes máquinas acuchillan lo que hasta ahora era el infame camino lleno de heridas. Gran numero de trabajadores del lugar que por tener indumentaria tienen un casco y una chaleco reflectante, se afanan en las tareas resultantes de la tala y desbrozado del curso diseñado para la carretera. Camiones de  obra que van y vienen trayendo y llevando grandes cargas de tierra con las que nivelar el trayecto. En medio de toda esta vertiginosa actividad, mecida al ritmo de quien porta en sus manos una banderola verde y otra roja que agita según la circunstancia indicando así si se puede pasar o no, los niños y animales que expectantes y curiosos unos y despistados y confusos los otros, deambulan por todos lados. Ciertamente el ritmo de trabajo es incesante, estando en litigio los adagios de “trabajar como un chino” y “trabajar como un negro”, evidenciando que si el primero se atiene a verdad, el segundo aún está por comprobar. Baste para esto segundo un pequeño dato de mis reflexiones. En año y medio que llevo aquí, inmerso en constantes obras en la misión, aún es el día que nadie ha venido a solicitarme trabajo mediante el que pueda vivir y sustentar a los suyos…

El trayecto, en medio de árboles y foresta necesariamente arrasada, está jalonado por casas cuyo final está preconizado por una marca visible de pintura en sus muros con una X. Además de los movimientos de tierras, también está caracterizado por la tala de palmeras que permanecen tumbadas allí donde estuvieron plantadas hasta hace nada. De ellas y tras este horizontal reposo, obtendrán su preciada y ruda bebida alcohólica de la “kangoya”. Y es que ante lo inevitable, se han adelantado para darle anticipado cumplimiento que les permita disfrutar de lo que de otra manera no podrían hacer, dado que necesitan reposo los troncos para exudar la savia de la fiesta.La obra avanza y de terminarse, cosa que habrá que esperar a ver, resultará una amplia ruta que serpenteará la selva con un ancho de 25 metros. La velocidad se convertirá en un aliado peligroso para motoristas y vehículos que confiados buscarán hacer los trayectos en el menor tiempo posible, recuperando con ello la lentitud impuesta durante mucho tiempo por su estado precedente, del que se olvidarán en seguida.

Las máquinas han ido haciendo su trabajo, hasta un primer nivelado de un auténtico punto crítico a la altura de Boyoba. Unos trescientos metros fatales donde las paredes de barro envolvían a los vehículos haciendo que muchos de ellos quedaran varados en medio de la trampa de bodón. Al menos ya se puede pasar sin más complicaciones que las propias de un camino más de esta zona.

Acabo de tener conocimiento de la tragedia de agua y barro que ha asolado Valencia. Asusta ver las dimensiones de la catástrofe en sus aspectos humano y material. Escandaliza lo relativo al comportamiento de autoridades y políticos. El pueblo parece que ha reaccionado ante el abandono con la violencia verbal y física. A un desastre se suma otro de carácter convivial y social. Hablo con mi sobrina Patricia que, asustada como nunca la he visto, me relata lo vivido en esa tarde y el horror del que ha sido testigo y que milagrosamente ha podido sortear. Ante tanto no queda otra desde aquí que rezar y colaborar con la aportación que desde el IEME haremos todos los curas misioneros. Para unos y para otros se presenta el mismo horizonte de camino nuevo,  en sango fini lege.


lunes, 1 de abril de 2024

SAN PATRICIO

Hoy es el día de San Patricio, y como buen misionero, su jornada viene llena de vivencias muy dispares. En primer lugar el recordatorio que me hace una red social de algo que vivimos tal día como hoy hace siete años. Era domingo y finalizamos entonces la Eucaristía con la llamada bendición irlandesa. Un hermoso texto que allá por el 2011 y en el contexto de la JMJ en Madrid nos enseñó en el desarrollo de un encuentro, un carmelita, que ahora es Superior General de los Carmelitas Descalzos, el P. Miguel Márquez. Un texto bonito que acompañaba con gestos expresivos. El texto que usamos, de él hay muchas versiones, dice así: “Que el camino crezca contigo y que el viento juegue en tu espalda, que el sol ilumine tu cara, que la lluvia caiga suave en tus campos y hasta volverte a ver, que Dios te acoja en el hueco de sus manos”. Un recuerdo muy entrañable para mí de aquél momento y de las ocasiones en los que la repetimos, momentos de envío misionero a Angola en aquellos veranos universitarios, preámbulos del hoy aquí.

Tras la sonrisa agradecida del corazón por este emotivo recuerdo, parto para M´Baiki con dos pretensiones. Encontrarme con la Magistrado y Procuradora y presentar las cuentas de la Parroquia en el Obispado. El primer encuentro viene motivado por las consecuencias de una mala actuación de Marcel Kete en las tareas de registro catastral de la capilla de Ndongo-Boyoba. Era previsible, como en su día ya apunté, que este sistema genere no pocas dificultades, sobre todo cuando el yaya-kota, el responsable de la capilla, tampoco ha gestionado bien el asunto. Al finalizar ayer la Eucaristía y en presencia de toda la comunidad, expresé que la propiedad más importante que podemos tener en un poblado es la buena convivencia y paz entre todos. Algo que aquí se ha enturbiado a propósito de ambos. Era mi intención, les dije, zanjar el problema e ir una pequeña comisión con el Mokonzí (jefe del poblado) a ver a la familia en desacuerdo con el trabajo hecho por ambos. Así lo hicimos y tras acercarnos unos kilómetros hasta su casa, pudimos hablar con los afectados, aclarar posiciones y buscar pacíficamente un acuerdo, cosa que logramos. En presencia de todas las partes, Marcel deberá hacer de nuevo sus mediciones de acuerdo a la realidad y conforme la aprobación de todos. Ello le expresé a Madame Martinelle, que muy gentilmente me ha acogido y valorado el esfuerzo en aras del entendimiento. Respecto al responsable, tendrá que pedir disculpas a la comunidad y al Obispo, al que ha implicado sin necesidad.

No pensé que tuviera que tocar estos palos, de verme indirectamente involucrado en problemas que no he generado, pero en los que me toca mediar. De todo se aprende. El hecho de la planificación de la nueva carretera Congo-Bangui que vertebra nuestra región y atraviesa nuestros poblados, me ha hecho tener que afrontar, quizá todavía desde nuestra mentalidad, estas labores previas. Dudo que el resto de vecinos tengan esta preocupación y previsión, entre otras cosas porque ambas precisan fondos. Dudo también que la carretera sea una realidad durante mi estancia aquí estos años, a pesar de que los Chinos a quienes se les ha otorgado la concesión, ya hayan construido una enorme “ciudad prohibida”, un recinto extenso del que supone será guarnición de maquinaria. Han transformado una colina en las inmediaciones del cuartel de la MINUSCA, en una gran explanada, vallada con madera y ladrillos y flanqueada en sus ángulos por elevadas garitas. Más parece un cuartel que un depósito de máquinas.

En el transcurso de mi estancia en Mbaiki, se inauguró la época de lluvias con una tormenta que se desató, grande en viento y agua. El camino ha reaccionado con los primeros barrizales y aguas de tierra sanguinolenta.  El regreso ha sido lento y al llegar, he celebrado la Eucaristía con las hermanas dominicas, he preparado algunas cosas y aprovechado para video conferencia con Dublin, para saber cómo van las cosas en la familia por allí. Antes de rendirme al sueño, un mensaje de whassap me hace sabedor que acabo de ser por segunda vez, tío abuelo, en esta ocasión en Valencia. Patricia en el día de su santo patrón, ha traído al mundo a una niña preciosa.  

Finalmente hablo con José Antonio, con el que he compartido algún rato en este día en Mbaiki, y con alegría me dice que desde Burgos una persona ha hecho una donación de 15.000€, dinero necesario para poder hacer una capilla, así que iremos proponiendo poco a poco sustituir las capillas de bambú llenas de inconvenientes, por construcciones también sencillas pero dignas. Así que un día de trébol pero no de tres hojas, si no de unas cuántas más. Un día de nuevo para dar gracias a Dios por todo lo que nos ofrece y nos confía. El cuerpo no da para más y me confío al reposo de una noche, que al menos, resulta más fresca que la anterior.

domingo, 24 de marzo de 2024

VERDE QUE TE QUIERO VERDE

 Estamos en los estertores de la época seca. Anoche así lo indicaba una tormenta de viento que se desató e hizo silbar todo, árboles y techumbres. Esta mañana tras la celebración de la Eucaristía, tomo el todoterreno y me encamino a M´Baïki. En el trayecto de poco más de 40 kilómetros, me he detenido en tres ocasiones a cuenta de árboles caídos sobre la carretera, impidiendo de este modo el paso. Uno lo circundé, saliéndome de la línea roja de la tierra que marca la carretera. Otro pudimos moverlo a cuenta de que era un tronco quemado y por tanto algo más ligero que de costumbre. Lo movimos entre unos cuantos motoristas y yo, lo suficiente para que pudiera pasar el ancho del vehículo. El último fue el resultado del trabajo arduo de un joven Aka con su hacha. Ayude un poco a poner otra pieza de madera debajo y colocarme de pie como contrapeso en el extremo de la madera que estaba sufriendo el golpe continuado y certero del joven. Después de un rato, un crujido severo, desvelaba que el tronco estaba desgarrado y por tanto ya éramos capaces de retirar ese trozo para pasar. El joven me trató con mucho respeto y no dejaba casi tomara yo iniciativa alguna en la tarea. Al final le recompensé con 500 Fcfa, menos de un euro, que acogió entre sus manos dolidas de los golpes, como un gran don y sonriendo me dijo “Singuila, Bwa”. Retuvo a un motorista, porque entendía el primero que había de flanquear ese obstáculo salvado era yo. 

Estos son los imprevistos de estos caminos. Imprevistos previsibles a cuenta de esa práctica tradicional absurda que es el “feu de brousse”. Los adultos, cuando se la cuestionas, le echan la culpa de su origen a los niños, pero no. Son ellos quienes prenden fuego al bosque de un modo estúpido, Una práctica peligrosa e ineficaz, pero para ellos muy fácil para conseguir su objetivo: limpiar el bosque. Es peligrosa porque pone en riesgo sus vidas, sus casas. Peligrosa porque el ígneo devora indiscriminadamente todo, desapareciendo masa verde forestal en cuyo lugar aparecen extensiones como negras teas, humeantes días y días, dejando tras de sí un espectáculo desolador. Hay que tomar conciencia de lo absurdo de esta medida que calcina la naturaleza, no la limpia. Que extermina la selva, no la limpia. Que provoca el éxodo de fauna, al menos de aquella que no capturan  para su subsistencia..

Hay columnas de humo por todas partes y la tierra se resiente, llorándonos no pocas esquirlas carbonizadas,  que lo invaden todo porque están mecidas a merced del viento que las transporta y lleva y deposita  donde estima, según su caprichoso discurrir. Es un mal complemento popular a la tala institucionalmente permitida. Muchos de estos árboles se yerguen sobre las rutas como denuncia de la propia selva a  una práctica que nadie sabe explicar pero que todo el mundo realiza porque consuetudinariamente así se ha venido haciendo siempre, sin rechistar.

Es preciso reaccionar ante este atropello absurdo que se hace a la selva a cambio de ningún argumento, ninguna ventaja. Aquí este tema del tráfico de madera es preocupante. Al caer la noche, se perciben entre los sonidos propios de la nocturnidad, lejanas motosierras que cercenan ese trabajo de botánica estalagmita que con tanto cuidado y a un ritmo lento ha ido generando la naturaleza. Piezas enormes de árboles centenarios en verdad, son cargados en enormes camiones que circulan hasta los aserraderos, también por la noche. La política de las barrières en las carreteras nació como una medida de control al tráfico de madera, cosa que en la actualidad tienen olvidado, limitándose a un corrupto y aleatorio cobro de un peaje insultante a cuenta del estado que manifiestan las vías.

Esta es una silente herida que sangra al país, desposeyéndolo de la verdadera riqueza que posee. Un latrocinio hecho en aras de permisos  y concesiones a países y multinacionales que encuentra un fiel aliado en esta práctica popular que torna el verde por el negro, la vida por la muerte, dejando tras de si un escenario deplorable de destrucción al que se somete implacablemente a la propia naturaleza que apenas puede decir nada, si no es pacíficamente tumbarse delante de nosotros para recordarnos que algo grave está pasando, algo de consecuencias muy serias estamos haciendo, algo de lo que nos lamentaremos dentro de no mucho y que a unos ha llenado los bolsillos y a otros les ha hecho cómplices de lo absurdo en la historia. Unos y otros se darán cuenta, también nosotros, que el oxígeno, la vida, el agua tienen todos una misma tonalidad que estamos cambiando a modo de lo que escribía M. Ende en aquella obrita de Momo.: los hombres de gris, el gris que invade el mundo, es la nada, que amenaza de este modo con llenar nuestro todo, precisamente con su nada.

lunes, 26 de febrero de 2024

RUSO ENTRE BODA Y BOGANANGONE

Acabo de legar de Boganangone y de Boda, al extremo oeste de la diócesis, hacia Camerún, y al bajar del todoterreno me pregunto: ¿De qué me quejo?. Las carreteras que he pisado han sido todavía peor que las que acostumbro. Kilómetros donde la arena ralentiza la marcha, ya de por sí lenta, del vehículo. Kilómetros en los que pones a prueba tu destreza y sentido común, porque nunca nadie te ha enseñado ni has asistido a cursos de conducción en estas condiciones. Kilómetros de carreteras en tierra, abiertas como si de gruesas, difíciles y feas  cicatrices de quirófano de campaña se tratasen. Numerosos puentes, por llamarlos así, te levan de un lado a otro de los diferentes arroyos. Unos los piensas parado y pasas enseguida con la confianza de que han aguantado el peso de los camiones que cargados hasta lo imposible, te has cruzado por el camino. Otros, si te lo permite el lugar, dejas a un lado para refrescar los neumáticos al cruzarlo directamente. A menudo has de solicitar te retiren ropas, calzados o alguna incompleta bicicleta, propiedades de los niños que “a piluetro” toman sus baños. Ochenta kilómetros en los que inviertes cuatro horas de gimnasias inesperadas.

Boda me ha sorprendido. Es una población que aquí llaman ciudad, populosa. La entrada se hace por medio de un mercado triunfal de tiendas y puestos de todo. Los letreros más abundantes hacen referencia a diamantes y oro. Estamos en zona minera. El éxito de la actividad se percibe en el bullicio y movimiento de las gentes. Abunda la población musulmana y señal de ello son las dos mezquitas que me he encontrado. Ya por el camino algunos kodoros ya contaban con tímidas, pero azules y blancas, vistosas construcciones de media luna abierta al cielo.

La misión, de inconfundible origen espiritano, está dedicada a San Miguel. Más noble el exterior que el interior de la Iglesia. A su lado construcción de la misión del edificio de los padres que, separado pero de idéntica factura, está al lado de las hermanas. Me acompañan tres scouts a los que se unen aquí dos más. Comemos lo que había preparado quien suscribe a las 4 de la mañana, antes de salir. Un huevo cocido por persona, una omelette y unas Frankfurt de pollo. Hacemos el milagro y de lo que era para tres, comemos ahora seis. El postre lo imaginamos y nos agrada a todos. Los padres combonianos que nos acogen en esta parada, me ofrecen un café, invitación que por supuesto acepto. Reemprendemos camino para Boganangone. Dos horas de carretera que excepto los últimos 25 kilómetros, la ruta es más de lo mismo. 

En el camino me alertan del comportamiento extraño de una moto que, en sentido contrario, viene por el medio de la estrecha ruta. Mi trayectoria invariable, y ya a una distancia que permite su identificación, todos gritan al unísono: “Los rusos, Padre, échate a un lado!”, cosa que no hice, pero sí detuve el vehículo en mi lado. El motorista, provocando seguía con su trayectoria que sólo varió mediante requiebro brusco, a unos pocos metros del paragolpes del Todoterreno. A ese de comportamiento provocador, le seguía otro que con gestos me indica viene un comboy. Una pick-up como la nuestra pero kaki, cargada de soldados. Anécdota del camino que los scouts se apuntan como victoria hacia tanta altanería. Les animo a vivir estos encuentros con normalidad y sin vanas euforias. Llegamos a Boganangone y un grupo de scouts con silbatos y tambores forman el comité de bienvenida, que ruidosa y rítmicamente indican a toda la población que reciben una gran visita. Saludamos a la población y llegamos a la misión, regentada por Lazaristas, que nosotros llamamos Paúles. El trato exquisito, fraterno y confiado. La comunidad está formada por un colombiano, un ruandés y un congoleño. Yo ceno con ellos y los chicos con el grupo que ya, acampado, esperan la formación de mañana. Duermo donde las hermanas. 

El día siguiente viene marcado por la sesión acostumbrada de mañana de trabajo, juegos y formación desde las 8. A las 12, y tras la comida, regresamos para Boda, donde pasamos la noche e la misión para hacer al día siguiente lo mismo con los scouts de allí. He de destacar que cada vez me sorprendo más y mejor de las cualidades y habilidades de nuestros exploradores por allí donde vamos. El último juego de hoy, el del tacto pedestre ha sido increíblemente superado, a pesar de ser el más difícil de los que hemos elaborado, pues contaba con escalera y rampa inclinada de veras. En esta ocasión, sin comer, hemos emprendido viaje de regreso, que tras el tiempo requerido, nos ha llevado sin problemas hasta nuestro destino.

Este esfuerzo de conocimiento de lugares y grupos, está suponiendo un revulsivo positivo que seguro revertirá en algo muy bueno. Despertar en ellos de nuevo ese brillo en los ojos, esa sonrisa en el rostro y esa siempre dispuesta participación a hacer del juego una lección para la vida, será la mejor germinación educativa de su ser scouts. 

martes, 20 de febrero de 2024

UNA DE KETE Y OTRA DE ARENA

 Es domingo y a pesar de ello tengo en casa a Marcel Kete y dos jóvenes. Es el hombre del Ministerio del catastro de toda esta región de la Lobaye. Estuve en su despacho para solicitarle sus servicios, en especial para las capillas del eje de la carretera de Mbata-Mbaiki. En el aire está el comentario generalizado de que la carretera que comunica con el Congo se va a hacer ya. Los chinos, que se encargaran de la obra, ya han hecho M’baïki una gran plataforma y recinto para guardar maquinaria y materiales. No se.. en todo caso no es bueno acometer obra alguna en las capillas sin que éstas estén registradas. Va a comenzar hoy por Mokinda y Ngbokia. 

El procedimiento es que este hombre viene al poblado, en presencia del jefe del poblado y del responsable de la capilla, le dicen la propiedad  o concesión en la que no debe haber discrepancia. Con una cinta métrica, traza las líneas que establece entre unas picas de hierro y con eso, hace un plano y demás papeles. Pagas y punto. Este proceder aparentemente tan sencillo y pacífico, en no pocos caso esconde unas problemáticas nada inocentes, de personas que al cabo del tiempo vienen en demanda de propiedad de una tierra registrada. En todo caso, es la ley de la selva y para la selva. Sorprende su modo de trabajo, el material que le acompaña (nulo) y las exigencias de que la arena con la que va a mezclar el cemento para hacer los montoncillos sobre los que ubica las picas para la medición. Exige sea de calidad y hace ir a dos feligreses a por un saco a dos kilómetros. De veras no entiendo tanta desproporción en esos términos.

Tras dejarlos, me regreso a la misión, tomo mi maleta capilla y una moto con chofer y me voy a Molengue I a celebrar la Eucaristía. El camino está difícil a causa de la arena, abundante en este momento ya de la época seca. La moto avanza con lentitud y dificultad serpenteando bastante, el muchacho es prudente, demasiado diría yo. Llegamos con retraso y en seguida da comienzo la Eucaristía. Como siempre animada. Al final de la misma, declino quedarme con ellos a cuenta de ir a recoger a los del catastro. Al legar a la misión retomo coche y me acerco a recogerlos. Están sentados a la sombra y me indican han terminado hace una media hora. Los llevo a la misión y un problema en el mercado ha hecho que la cocinera no haya comprado nada para comer. Ahí me veo haciendo rápidamente una ensaladilla al mejor estilo español, gracias a mi última compra en Bangui. Comemos, descansamos un poco y los acerco a la otra capilla, para yo continuar a Senga, que tengo eucaristía y Bautismos.  A mi regreso los recojo de nuevo acerco a la misión.

En la sobremesa me indica que mañana, lunes, se ira muy temprano, porque vienen del ministerio y ha de estar cada uno en su puesto (despacho), si no….. no cobrará el próximo mes. Sigo sin entender este modo de hacer las cosas, propio de quienes pretenden lastrar el desarrollo de un país con este tipo de acciones del todo ineficaces.

Me llama a media semana para indicarme que ya también ha hecho los papeles de Senga y que seguirá con el resto, imagino que hasta que acabe la ultima brizna del saco de cemento que le facilité. Después pedirá otro, espero que la arena sea de su agrado y logre los resultados deseados. No sé bien a dónde llegaremos con esto, porque en estas  alturas del planeta no sé si este proceder servirá para mucho, pero al menos poder tener algún documento que autentifique la propiedad y el uso de un espacio, que en la gran mayoría de los casos habrá que hacer obra para dignificar un poco la presencia de la Iglesia en medio de los poblados. Resulta muy idílico celebrar debajo de un sombrajo y rodeado por una empalizada de bambú pero las incomodidades de funcionamiento son muy grandes. Tengo claro que no haremos nada sin la seguridad de que va a ser respetado y para ello hay que pasar por estas “horcas caudinas” de Kete, su ojímetro y exigencias de profesional caprichoso. Imagino que quien lo encontrara en su puesto recompense con su salario tan alta dedicación en el bureau.

domingo, 12 de noviembre de 2023

COMO AGUA PARA CHOCOLATE

Cuando te pones al volante en estas tierras, además de tener valor y contar con los permisos pertinentes, puesto que a los blancos no nos perdonan lo más mínimo, has de añadir esa habilidad camaleónica de poder mirar a todo tu perímetro de alrededor, dado que esa visión es necesaria para sobrevivir. Miras hacia delante, claro está. Tampoco pierdes la vista al retrovisor y entre ambas, circundas con tu mirada todos los demás espacios, porque en cualquier momento una moto, un carro, un coche, un peatón…… pueden hacer acto de presencia y has de afrontar la solución con un leve giro o un volantazo en toda regla. Marcas el ritmo de esta tarea con el constante recurso del claxon. ¿Cómo harán para saber distinguir unos de otros?, ¿qué señal es para mí? Porque todos suenan intermitente e incesantemente a la vez, con una melódica permanente. 

He sido capaz, y bien, de moverme por la caótica y populosa capital de este país. Obtuve el permiso internacional de conducción por tres años. Un carnet que explícitamente tiene impresa una leyenda: “carnet válido para todos los países del mundo, excepto RCA”. ¡Así son las cosas!. Ya conduje por las duras tierras de este continente en Angola. Digamos que aquí las cosas son bastante distintas y un poco más difíciles. Valor no falta, pero confianzas las justas. Prudencia toda la que se puede y desde luego una alta dosis de osadía que te hace no perder turno en rotondas, cruces y pasos, para no morir en el intento.  Un milagro de la mecánica es el funcionamiento de tanto vehículo, destartalado las más de las veces y que desafían al paso del tiempo, al mantenimiento técnico requerido por toda máquina y al cuidado más elemental al que estamos normalmente acostumbrados en casa. Aquí nada de esto. ¡Y todo sigue funcionando! Hay camiones alemanes de hace 70 años, que identificas difícilmente por esos signos irrenunciables de identidad escondidos por no sabes dónde del chasis. Máquinas sometidas a cirugías infames, amputadas no pocas partes de sus estructuras. Vehículos que te dicen lo agostado de sus vidas en el humo y ruidos que desprenden. Vehículos que en cualquier momento, por lo general en el peor de los imaginados, te dejan tirado en medio de cualquier circunstancia y así te los encuentras rendidos en carreteras, curvas peligrosas, puentes, poblados o en esos baches repletos de agua roja cuya superficie nunca te dará pista alguna de su profundidad. Ahí también te los encuentras, encallados cuales reptiles buques en espera del cese de la lluvia y de la ayuda popular y rudimentaria que pueda prestar la población con sogas, palos y piedras.

El trayecto de Bangui a M’bata tiene mucho de esto. Una carretera de tierra batida desde Pissa, preciosa, cuya incursión en la selva va dejando a un lado y otro de la misma, poblados y capillas. Sor Clementina, Dominica misionera de África, viene conmigo después de participar ambos en unas sesiones en Bangui sobre la aplicación en África del Proyecto Educativo Global del Papa Francisco. Al pasar por uno de los poblados, su rostros sorprendido delata un grito de unas gentes y nos niños que me han reconocido y pronunciado mi nombre. No he estado nunca aquí, pero seguro ellos sí han participado en alguna reunión en la que se me ha presentado en algún lugar de esta diócesis. Es objeto de comentario entre ambos durante unos kilómetros lo importante que es para la evangelización la cercanía, la cordialidad. En estas,  vadeando un charco la hondura del mismo fue tal que el todoterreno generó una ola achocolatada desde su frontal que nos cubrió por entero. Yo llevaba la ventanilla abierta…. el resultado os lo podéis imaginar. Mi ropa marcada por entero de una señal de barro como pulverizado y proyectado sobre mí. Es el modo en el que aprendes de la experiencia que has de escoger entre el agobio del calor o el baño de agua embalsada. De igual manera durante el trayecto algún caminante se ha visto también sorprendido de igual modo bautizado debido a la inexperiencia de este chófer, que lo que hoy deseaba sobremanera, era llegar a M’bata, mi casa y parroquia para los próximos años. Mañana domingo será la celebración de toma de posesión. Gracias a Dios llegamos al caer de la tarde, recibidos por los gritos de todos, carreras de los más pequeños y, o podía faltar, el sonido de tambores de todos los scouts del lugar que han venido y pernoctarán aquí, para arroparme en la jornada de mañana, domingo de la Iglesia Diocesana, 12 de Noviembre.



jueves, 29 de junio de 2023

LA RUTA DE LA RELATIVIDAD

 117 Kilómetros separan la capital del país, Bangui, de M´Baïki. El martes tardamos tres horas para ir allí. El secreto estuvo en que estaba poco transitada y seca. Ayer al regreso, con las condiciones invertidas, populosa y empapada, tardamos cinco horas. La carretera es, como en toda África, lugar de encuentro y de vida. Ella en si misma es una paradoja, una superficie apenas visible de alquitrán, quizá de hace cincuenta años, dañada por todos lados. Los laterales cual serruchos que se confunden con la tierra que la invade. Al centro, baches para todos los gustos. Cada poco unas barandillas marcadas por el óxido recuerdan que se pasa por ríos que desembocan en el Lobaye. También como en toda África, la protagonista, la reina es la moto. Motos cargadas con sacos, bidones, hasta un cochino zunchado y por supuesto aún resta espacio para que viajen 4 personas. Lo mismo ocurre con los camiones. Viejos, destartalados, ruidosos y con una generosa estela de humo, van cargados increíblemente de mercancías y personas, al punto de desafiar las leyes físicas de capacidad y equilibrio.  Con estos sí que hay diferencia. Los camiones al servicio de las madereras suelen ser más modernos y sólo transportan largos tablones apilados de madera y siempre cubiertos con lonas. Son los reyes, y por eso hay que apartarse, siendo este gesto de prioridad lo que mejor expresa la pleitesía a este capital que se escapa de modo nada claro. El claxon es lo que más se utiliza, puesto que a este ambiente de caótico tráfico, hay que añadir los márgenes repletos de viandantes que deambulan de una población a otra.

Una ruta que cada poco está controlada por unas barreras. Al frente de las mismas unos jóvenes vestidos de modo informal unas veces, otras con uniformes militares y armados, establecen los criterios en cada caso para pagar, o no, por su tránsito. Así es esta realidad que sueña con convertirse un día en la espléndida ruta panafricana, de la que de momento sólo la vestigian unas marcas en forma de aspa en aquello que circunda, también sin criterio alguno, la carretera. Como si del libro del Éxodo se tratara en vísperas de la noche pascual, aparecen marcados, árboles, chozas, escuelas, iglesias y casas... de más allá y de al lado mismo de la carretera. 

De igual manera, la misma ruta habla por sí misma de historias que nunca acabaron al circular por su seno. Camiones volcados y abandonados, cargas cubiertas con lona para protegerlas en espera de su recogida... historias inconclusas de un transitar pretérito. El ingenio también se hace presente en su recorrido. Tenderetes de todo, mandioca, cacahuetes, gasolina por botellas, maíz y también hay hasta quien se procura algo de moneda, normalmente niños, en la reparación voluntaria de los baches, rellenándolos con tierra y dejando al buen sentimiento de los viandantes colaborar con tan arriesgada y efímera solución. La carretera es un constante bullir, que no hace que el tiempo africano sea más rápido (es imposible), si no simplemente diferente al que acostumbramos a ver en las aldeas. La ruta es expresión de la miseria que invade un país y que simplemente deambula para no hacer nada de nuevo y parecer quizá con esta acción, que algo, al menos diferente, ocurre  en la vida de estas personas. 


FIN DE PISTA

Hay palabras y lugares que todos guardamos en el libro de nuestras vidas con una honda significación y sentido. Todos tenemos palabras, olor...