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sábado, 16 de marzo de 2024

YVES ET JULIE

La evangelización y la catequesis son las dos caras de una misma moneda, la de la misión. En las últimas jornadas diocesanas, logré incluir un tiempo para que por Decanatos, las parroquias pudieran organizar alguna actividad conjunta. En nuestro caso diseñamos un pequeño programa de tres encuentros, uno en cada parroquia del decanato. En Mbata un encuentro de formación para catequistas. En Mongoumba un encuentro para corales y en Safa una actividad con la etnia Aka. De este modo, marzo, abril y mayo tienen una cita más allá de los muros de cada parroquia. De igual manera, esta programación supone un ejemplo de cómo se puede trabajar en equipo, aunar esfuerzos y salir de esos pequeños reinos de taifas que son en estas tierras las parroquias con sus capillas correspondientes, donde cada cura hace y deshace de modo autárquico.

Del 29 de febrero al 3 de marzo, Mbata ha acogido esa formación que dirigida a los catequistas, presentaba la semana santa y cómo mejorar las celebraciones desde las claves de su sentido unitario (triduo) y específico. 76 catequistas han acudido y recibido dicha formación teológica, litúrgica y pastoral. De todo este número, apenas 4 mujeres. Aquí este ministerio como otras muchas cosas recaen sobre el varón preferentemente. Hemos trabajado la historia de la semana santa, el sentido del triduo pascual y de cada fiesta que lo componen. Después, por parroquias, hemos tenido tiempo para organizar las celebraciones de esos días santos. Aquí procesiones no hay más que las litúrgicas (candelas, ramos,….) y por supuesto la iconografía es muy dispar, unas pocas imágenes occidentales de escayola de dudoso gusto estético y otras pocas en madera al gusto africano. 

De igual modo aquí cobra un papel muy relevante la figura del catequista, que instituido como celebrante o enseñante, mantiene el ritmo y los procesos en los poblados y capillas. Ya he aludido a ese grupo de catequistas que durante cuatro meses han recibido una formación más seria. De nuestras parroquias han sido dos, Yves y Odylon, los dos inquietos y buenos en el plano de la comprensión y la transmisión. A ellos confiaré una presentación por los diferentes sectores pastorales de la parroquia (4), acerca de los núcleos teológicos a tener en cuenta en el catecumenado de bautismo y confirmación, que sólo en esta parroquia ronda el medio millar cada uno de ellos. 

El obispo, preocupado por la existencia aún de numerosos lugares sin asistencia ni presencia católica, les hizo la propuesta a este grupo de 24 que recibieron la formación de cuatro meses, de poder alguno ser catequista misionero, esto es, ir con su familia a vivir a otro poblado y ser allí el animador de la fe en tanto llega la presencia del sacerdote. Yves aceptó el reto e irá junto con otro a un poblado cerca de Boda. Para Julie, su mujer, le esperan tareas de educación y escolarización de los más pequeños, una empresa a la que se preparará con los enseñantes de infantil durante los próximos cuatro meses. 

Esta tierra, sus gentes, están ávidos de formación. Se pueden pasar horas sentados en una sesión, sea de lo que fuere. Se recorren largas distancias a pie para acudir  a recibir una enseñanza. Todo el mundo con su cuaderno y bolígrafo para dar buena prueba de los contenidos a tener en cuenta. Al final preguntan y preguntan mucho. 

Como potencial que es, el de los catequistas en el seno de la Iglesia, son un grupo a tener en cuenta y a cuidar, en tanto que formadores y transmisores de la fe, personas de gran capilaridad social en sus comunidades, figuras necesarias para una Iglesia misionera, para una comunidad en misión. El reto es mejorar la calidad de los mismos, no en vano son hijos de su pueblo y a menudo piensan como su pueblo, actúan como su pueblo. Afrontar en cristiano los temas de brujería por ejemplo y abandonar el concubinato o la poligamia para abrazar el matrimonio, son dos cuestiones siempre candentes en el colectivo.

Hay catequistas, herederos de la vieja misión, que son auténticas autoridades en este ministerio, por su entrega y celo, por su sólida formación y testimonio de vida. Otros, por el contrario, viven aún de un modo timorato las consecuencias de ser cristiano y la peculiar forma de estar en el mundo de los discípulos de Jesús. Ser catequista en África no es cualquier cosa, no es un hobby, es un modo de ser ante la sociedad y la Iglesia. 

lunes, 4 de diciembre de 2023

EL CARDENAL

 Le conocí el pasado mes de Enero, cuando puse por vez primera los pies en esta tierra, en el centro del continente africano. Me pareció un gran hombre, cierto que lo es en lo físico, pero también en su personalidad. Afable, cercano, simpático, hablador, con sentido del humor y desde  luego muy normal. Bueno, muy normal no es, tiene toques de ser extraordinario. Un referente para este pueblo y esta iglesia. Me refiero al Cardenal Dieudonné Nzapalainga.

Un cincuentón como yo, pero él centroafricano. Nacido en el seno de una familia cristiana interconfesional, esto es de padre y madre protestante y católica. Su nombre reduplica en francés y en sango, ser un “regalo de Dios”. Y lo es. Educado con los misioneros Espiritanos, de los que él es miembro, estuvo en Marsella donde se curtió en un ambiente juvenil muy difícil, intercultural y marginal como educador de un internado. Regresado a su tierra tuvo que hacer poco a poco frente a una violencia enquistada, general e indiscriminada. Unas veces con valor simulado, otras con ingenio, el caso es que se ha ganado a pulso el reconocimiento y el respeto de esta sociedad un tanto convulsa y de incierta estabilidad. Hecho obispo auxiliar, le tocó también poner orden dentro de la iglesia en diversas dimensiones. 

Hecho Cardenal por Benedicto XVI, es uno de los  más jóvenes, representa y anima a todo un país que quiere salir de este ambiente de hostilidad e imprevisible siempre amenaza de brote de violencia.Testigo de la valiente y profética visita del papa Francisco a Banghi, donde se abrió con solemnidad el año de la misericordia para toda la iglesia cuando empujó las puertas de la catedral, fue en medio de amenazas y guerra real, un signo de la victoria del perdón, del encuentro y la paz, en una sociedad crucificada por la muerte, la venganza y la guerra. Amigo de todos, no tiene reparos en el acercamiento y diálogo interreligioso, como primer compromiso y aportación para la paz

No tiene chófer, conduce él mismo. Sus gafas están para el desguace en patillas y cristales, pero dice que aún hay que aprovecharlas. Un hombre sencillo en gestos y palabras Ha pasado a Batalimo y ha parado a saludar. Se acordaba de mí y sabía que la presencia del Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME) que se había iniciado hace un año y medio con José Antonio, de la diócesis de Burgos, ahora se había incrementado con la mía. Me dio sinceramente las gracias por estar en RCA, por haber hecho opción por este pueblo e iglesia pobres en verdad. Tuvo unas palabras bonitas para mi obispo de Zamora, de gratitud por la generosidad de confiar un sacerdote a este país y se alegró mucho de que el IEME esté en M´Bata, una parroquia estratégica. 

Estuvo a gusto en casa con nosotros pero pidió visitar un momento el internado femenino “Santa Mónica” que la parroquia tiene confiado a las Dominicas Misioneras de África y donde estudian 170 niñas de diversas partes del país. Tuvo para ellas palabras también de cercanía y responsabilidad acerca de los estudios y su formación, hablándoles de la importancia que tienen ambos para forjar su futuro y el destino de esta desmembrada y convulsa nación. No vino cargado de palabras, si no también de productos: arroz, sal, mandioca, jabón, aceite, conservas,… un lote generoso con el que colaborar con este proyecto. Bajo una oscura noche y lloviendo sin parar, reemprendió camino a su destino, a unos 17 kilómetros de M’Bata, una hora al menos de trayecto.

Todos hemos sentido una alegría sincera. No porque nos contase los entresijos del reciente Sínodo o cualquier otro análisis que hicimos de diversos aspectos de la sociedad, la iglesia o la política. Sobre todo porque un hombre de Dios se ha acercado hasta nosotros, nos ha visitado y nos ha mostrado con extremada naturalidad que la cercanía de Dios nos acerca a unos y otros, que su humildad nos educa y su mansedumbre nos anima en el quehacer de cada día. No todos los días se puede tener a un cardenal de la iglesia en casa y menos aún con tan cordial sencillez y normalidad. 

Cuando sujetando el paraguas nos dirigíamos al coche, le comenté que su libro fue el regalo que hice a diversas personas antes de venirme y que su lectura no ha dejado a ninguno indiferente, se detuvo, me cogió amigablemente del brazo, ajeno al arrecio de lluvia incesante y me dijo: “Padre, todos tenemos nuestra historia de Dios, la mía es esa que he puesto por escrito. Usted y multitud de personas que no la tienen escrita, la viven. Eso es lo de veras importante”.  Con un ¡hasta pronto, Padre! Que emergía de una ventanilla abierta una rendija a pesar del agua del cielo, este hombre, este regalo de Dios, abría la negritud de la noche con la luz de los focos de su vehículo y emprendía ruta envuelto en una continua hilatura de agua.  

jueves, 16 de noviembre de 2023

M'BATA

 La campana ha sonado, como cada domingo a las 6:00. Irá indicando cada media hora que a las 8:00 comienza la eucaristía del domingo. Trajín de monaguillos y personas sacando los bancos de la iglesia a la calle, entre los árboles. Como retablo la gruta de la Virgen. Todo se va llenando de bullicio, color, cánticos y sobre todo de juventud. África es todo él un continente con la media de edad de su población en 19 años. Primero los laudes, después desayunamos con tiempo suficiente y a la hora prevista, con una asamblea llena bajo los árboles, da comienzo la eucaristía dominical presidida por el Obispo.

Una larga y pausada procesión de entrada. Cruz parroquial, turiferarios, monaguillos y danzarinas. El párroco saliente, el canciller, el responsable de radio Songo, José Antonio, compañero del IEME y yo. La misa comienza con el gesto de lectura del nombramiento del Abbé de la parroquia de San Pedro y San Pablo en M’bata en mi persona. Me imponen la casulla, y después de recitar el credo y prometer fidelidad al obispo diocesano y al Magisterio de la Iglesia, me entregan las llaves de la iglesia y del tabernáculo. La asamblea estalla en el cántico del gloria. Monaguillos repartidos por entre la asamblea haciendo sonar las campanillas, llenando todos los pasillos de una atmósfera incensada. Por su parte las danzarinas en el pasillo ante el altar, marcan con discreción sus ritmos corporales y agitan pompones y maracas. Una explosión festiva. 

La entronización de la Palabra es hoy hecha de un modo original. Unos scouts llevan sobre sus hombros una piragua sobre la que un niño scout porta el evangeliario a todos. Mi condición de capellán diocesano de Scouts y Guías ha llenado desde ayer este lugar de jóvenes llegados desde los distintos distritos de la diócesis. Toda la noche la han pasado cantando y tocando los tambores. Es su particular modo de celebrar esta entrada pastoral.

M’bata fue creación misionera por los Dominicos, después continuada por Combonianos y desde hace una década está bajo gestión del clero secular diocesano. En esta cadena me inserto. Una homilía hermosa, cercana y concreta: “misioneros con gestos”. Hoy es el día de la Iglesia diocesana y la colecta irá destinada a la construcción de una nueva capilla en la diócesis, una comunidad que ya tiene capacidad para reunirse y celebrar en un poblado de la diócesis. Una comunidad que cambiará la capilla de palos y palmas por el ladrillo del lugar. La procesión de la colecta se prolonga. Como siempre hago mi aportación y también mientras, preparamos el altar donde por vez primera la patena y el cáliz de cerámica de Talavera que traje, serán consagrados al culto. “Kota singuila na Nzapa” rezan ambas piezas: “Gran acción de gracias a Dios”.

La asamblea ya rebosa por todos lados. Poco a poco ha ido viniendo más y más gente hasta llenarlo todo, incluso las inmediaciones. La acción de gracias de nuevo hace desfilar con pancartas a todas las 13 capillas de la parroquia, a todos los movimientos y fraternidades que hay en la misma. Todo rebosa alegría y vitalidad. Más de media hora de acción de gracias con ofrendas de animales, productos de la tierra y al obispo y a mi, sendos trajes de tejido africano. Una aceptación y mano tendida a la identidad compartida por la fe. 

Mis palabras, breves, en sango y francés no pueden ser de otra manera si no acción de gracias a Dios, a la iglesia diocesana de Zamora que me envía y a la de M’Baïki que me recibe. Gratitud concreta a todos y cada uno. La Eucaristía ha durado 4 horas que han pasado sin ser notadas.

El encuentro festivo tras la eucaristía es multitudinario, también con los scouts. Una sencilla comida compartida en ese mismo lugar, escenografía cambiada, pone el punto de regreso de todos a sus hogares y de nuevo la misión va recobrando su calma y su silencio.  Ya en la cama, de noche con el fondo sonoro del campo y sus múltiples melodías, vuelvo a dar gracias a Dios por tanto gozo compartido, tanta confianza en mi poquedad y tanto horizonte que surcar. Así ha sido esta jornada inscrita con cariño en la retina de mi alma, diario de mi vida, ahora en misión, jornada que culmino rindiéndome a los encantos del hijo predilecto de Hypnos y Nix, quien me hace dibujar una sonrisa al acercarme a aquellos que me quieren y cuidan y ya…… no están aquí. El sueño me conduce a ellos con una paz compartida y hoy de nuevo a un temporal descanso. Mañana quizás, no sé…….


domingo, 12 de noviembre de 2023

COMO AGUA PARA CHOCOLATE

Cuando te pones al volante en estas tierras, además de tener valor y contar con los permisos pertinentes, puesto que a los blancos no nos perdonan lo más mínimo, has de añadir esa habilidad camaleónica de poder mirar a todo tu perímetro de alrededor, dado que esa visión es necesaria para sobrevivir. Miras hacia delante, claro está. Tampoco pierdes la vista al retrovisor y entre ambas, circundas con tu mirada todos los demás espacios, porque en cualquier momento una moto, un carro, un coche, un peatón…… pueden hacer acto de presencia y has de afrontar la solución con un leve giro o un volantazo en toda regla. Marcas el ritmo de esta tarea con el constante recurso del claxon. ¿Cómo harán para saber distinguir unos de otros?, ¿qué señal es para mí? Porque todos suenan intermitente e incesantemente a la vez, con una melódica permanente. 

He sido capaz, y bien, de moverme por la caótica y populosa capital de este país. Obtuve el permiso internacional de conducción por tres años. Un carnet que explícitamente tiene impresa una leyenda: “carnet válido para todos los países del mundo, excepto RCA”. ¡Así son las cosas!. Ya conduje por las duras tierras de este continente en Angola. Digamos que aquí las cosas son bastante distintas y un poco más difíciles. Valor no falta, pero confianzas las justas. Prudencia toda la que se puede y desde luego una alta dosis de osadía que te hace no perder turno en rotondas, cruces y pasos, para no morir en el intento.  Un milagro de la mecánica es el funcionamiento de tanto vehículo, destartalado las más de las veces y que desafían al paso del tiempo, al mantenimiento técnico requerido por toda máquina y al cuidado más elemental al que estamos normalmente acostumbrados en casa. Aquí nada de esto. ¡Y todo sigue funcionando! Hay camiones alemanes de hace 70 años, que identificas difícilmente por esos signos irrenunciables de identidad escondidos por no sabes dónde del chasis. Máquinas sometidas a cirugías infames, amputadas no pocas partes de sus estructuras. Vehículos que te dicen lo agostado de sus vidas en el humo y ruidos que desprenden. Vehículos que en cualquier momento, por lo general en el peor de los imaginados, te dejan tirado en medio de cualquier circunstancia y así te los encuentras rendidos en carreteras, curvas peligrosas, puentes, poblados o en esos baches repletos de agua roja cuya superficie nunca te dará pista alguna de su profundidad. Ahí también te los encuentras, encallados cuales reptiles buques en espera del cese de la lluvia y de la ayuda popular y rudimentaria que pueda prestar la población con sogas, palos y piedras.

El trayecto de Bangui a M’bata tiene mucho de esto. Una carretera de tierra batida desde Pissa, preciosa, cuya incursión en la selva va dejando a un lado y otro de la misma, poblados y capillas. Sor Clementina, Dominica misionera de África, viene conmigo después de participar ambos en unas sesiones en Bangui sobre la aplicación en África del Proyecto Educativo Global del Papa Francisco. Al pasar por uno de los poblados, su rostros sorprendido delata un grito de unas gentes y nos niños que me han reconocido y pronunciado mi nombre. No he estado nunca aquí, pero seguro ellos sí han participado en alguna reunión en la que se me ha presentado en algún lugar de esta diócesis. Es objeto de comentario entre ambos durante unos kilómetros lo importante que es para la evangelización la cercanía, la cordialidad. En estas,  vadeando un charco la hondura del mismo fue tal que el todoterreno generó una ola achocolatada desde su frontal que nos cubrió por entero. Yo llevaba la ventanilla abierta…. el resultado os lo podéis imaginar. Mi ropa marcada por entero de una señal de barro como pulverizado y proyectado sobre mí. Es el modo en el que aprendes de la experiencia que has de escoger entre el agobio del calor o el baño de agua embalsada. De igual manera durante el trayecto algún caminante se ha visto también sorprendido de igual modo bautizado debido a la inexperiencia de este chófer, que lo que hoy deseaba sobremanera, era llegar a M’bata, mi casa y parroquia para los próximos años. Mañana domingo será la celebración de toma de posesión. Gracias a Dios llegamos al caer de la tarde, recibidos por los gritos de todos, carreras de los más pequeños y, o podía faltar, el sonido de tambores de todos los scouts del lugar que han venido y pernoctarán aquí, para arroparme en la jornada de mañana, domingo de la Iglesia Diocesana, 12 de Noviembre.



jueves, 12 de octubre de 2023

WAPILA

Como si de un asalto de lo divino se tratara, una irrupción inesperada, así ha aparecido él. Apenas llegado y dejado la mochila en la habitación, he salido a conocer un poco el entorno de la casa. Estoy en M´bata, la que será en apenas un mes mi parroquia. Bajar los escalones de la galería superior te llevan al porche de entrada y de éste se sale al jardín. Dos arbustos en forma de piña jalonan la entrada. Palmeras, grandes árboles frutales y en una gran explanada verde emergen las piñas, algunas ya preciosas. 

Unos pasos más adelante, una palloza, de las que tanto abundan en esta tierra, con la techumbre tradicional de tupidas ramas. Me detengo y pienso que quizá a ellos su estructura circular, acostumbrados al encuentro y necesitados de protección bajo este generoso cielo, les encante esta forma de cobijo tan familiar.  

A escasos metros una casita en madera. Es aquí contemplándola, antes de dirigirme a la iglesia, cuando me percato de la inesperada presencia de un joven a mi lado. ¡Hola, soy Wapila! ¿Y tú?. Respondo que soy Bwa Chus, el nuevo párroco. Me tiende al encuentro su mano que estrecho y mirándole me percato de sus facciones. ¿Eres aka, verdad?. ¡Sí, de la capilla de Molengué!, responde. Es mi casa, ¿te gusta? me dice. Este es el trasunto por el que me cuenta que está profundamente agradecido al obispo, que fijándose en él, ha hecho posible su formación profesional en Banghi, con los salesianos. Ha hecho soldadura y ahora está trabajando haciendo sus prácticas en un pequeño puerto a modo de herrería aquí. Es simpático y va muy aseado. Será él quien me enseñe tanto su casa como el resto de la concesión, iglesia y pabellones. En su cordialidad percibo una pronta madurez impuesta por la misma vida. En efecto. Padres fallecidos, siete hermanos de los que también cinco ya no están, sólo le queda uno que está en su poblado. 

Está esperando la llegada de otros aka que van venir a la escuela de la parroquia.  Los conocí ayer. Un grupo de tres niños de unos 7 a 12 años. Todos vivirán en su casita, que visito y podría describir como una limpísima miseria de apenas tres compartimentos, vacíos de todo y sólo habitados por una esterilla al suelo, que les permitirá acoger sus cuerpecillos en la noche.  Se harán su comida en el exterior al modo tradicional. Lavarán en el río y tenderán, los días de sol, sobre la techumbre de la casa.  Así será su infante y adolescente vida. 

Me enseña lo que se ha comprado con lo que ha ido ganando de sus trabajillos. Un venerado y brillante pequeño móvil, de fabricación y marca chinas. Le pregunto por su número. Me sonríe y me dice que aún no tiene SIM. Para él tener teléfono es signo de tener otras aspiraciones diferentes a las del consuetudinario  discurrir de cada día. 

Todos estos días se ha preocupado de mí, como lo hace a diario de las hermanas Dominicas Misioneras de África, a quienes diligentemente en sus ratos libres ayuda. He notado en él una actitud sincera de profunda y teológica gratitud. Su lenguaje, marcado por un grande tono religioso, permite darme cuenta que para él, Dios es muy importante. Quizá Quién le ha rescatado de una vida sentenciada a un estilo tradicional. Para él la familia de los hijos de Dios, la iglesia, es importante también. Quizá porque ha sido el medio por el que ha recibido esa mano tendida de lo alto. ¿Bwa, cuándo volverás?, me decía cuando de nuevo estrechábamos las manos el lunes por la tarde, en esta ocasión para regresarme a M´Baiki. ¡Pronto! En un mes estoy aquí. Su leve y amplia sonrisa me hacen confidente de que ha notado que en medio de nuestro apretón de manos hay algo más. Unos billetes doblados, 3000Fcf (4,58€) y un papelillo con un mensaje: “2000 SIM +500 recharge solde + garde bien les petits aka+ mi número aquí en RCA”. Al poco de llegar, tenía un SMS suyo interesándose por mi viaje y llegada. Wapila es sinónimo de superación. Wapila es modelo de fe sincera. Wapila es ejemplo para su gente. Wapila podría ser un ángel, pero es tan humano como tú que ya sabes de él y como yo. 


lunes, 9 de octubre de 2023

HORIZONTES

 Como si fuera un mercadillo os presento varios puestos de humanidad. Hemos celebrado la eucaristía en el oratorio de las Hermanas Dominicas Misioneras de África. Ha caído un chuzo de agua increíble, al punto que han tenido que improvisar, de buen agrado, un desayuno conjunto. Regentan un colegio de la parroquia de niñas. Doscientas  niñas reciben aquí formación primaria y secundaria. Está bien reconocido, tanto que hay muchas solicitudes de otras ciudades, sobre todo de Banghi, solicitudes que se completan una vez admitidas las de esta región de la Lobaye. Los profes cobran 1000Fcf, 1,6€ la hora. Las niñas comen cada día en tres ocasiones también por 1€. La iniciativa y el trabajo es encomiable. Se acaba de construir un comedor gracias al apoyo de Manos Unidas. Habrá que pensar también en ampliar el dormitorio que ya se queda pequeño. Las hermanas, en número de cuatro, se multiplican hacendosamente entre las tareas de docencia y las del internado.

Antes de comer y partir, he podido salir del recinto de la Parroquia y encaminarme hacia el cruce de caminos que marca, Mongoumba a la derecha y M´baïki a la izquierda. He ido saludando y acercándome a todos, niños, jóvenes y adultos. La gente agradecida del gesto te tiende la mano y llena de emoción la mirada. Pero me ha temblado más a mí, porque reanudado mi camino hacia otras casas y tenderetes de por delante, un grupo de miniaturas, de verdad pequeñitos, han venido corriendo y gritando “¡Bwa Chus!”, como me he ido presentando en las celebraciones y como me conocen ya en Safa. De verdad me ha emocionado que quienes apenas son considerados aquí, los niños más pequeños, hayan roto el bullicio del camino con mi nombre y hayan corrido a saludarme. 

Todos han acogido muy bien mi presencia y el que, torpemente seguro, me comunique con ellos en Sango. Los jóvenes me quieren ayudar y lo hacen, avanzándome esa palabra que me falta para podernos entender con corrección. Están contentos de conocer al nuevo cura.  Yo también lo estoy de verlos a ellos así.

El reto es grande. Una misión bien hecha por los italianos, que la abandonaron cuando las revueltas de 2008, donde Selekas se hicieron dueños de toda la propiedad. Apenas un par de años después sería administrada por quien hoy es el obispo de esta diócesis, comboniano español. Después lo ha sido por nativos hasta este relevo hecho en la actualidad con mi persona. Aquí entraré dentro de un mes. Un desafío el de poner a punto de nuevo  todo lo material y de reorganizar la vida pastoral. Están deseosos, como así ayer me manifestó Mathïas, el catequista responsable de la capilla de San José de Mokindja, donde celebraré también en noviembre mis primeros bautismos (35) en esta tierra. Una responsabilidad que va más allá de lo personal, es del propio IEME, puesto que estaremos los dos, José Antonio y yo, al frente de la misma junto con un joven sacerdote y también un aspirante al seminario mayor que  viene de los Franciscanos, ambos nativos. 

En la gran celebración del domingo ya saludé a mucha gente, entre ellos los scouts, que en número generoso, están abandonados, quedándose muy a menudo sólo en el aspecto exterior y en rúbricas de aire castrense, innecesarias para un país ya con abundante presencia marcial y violencia contenida. Adentrarles en el verdadero escultismo como forma y actitud de vida, contagiarles la pasión por el método educativo que a partir del juego permite crecer en el desarrollo de la personalidad de modo integral. Y sobre todo organizarlos, es quizá la meta de mi trabajo con ellos. 

Distintos frentes, como veis, que durante estos años habremos de asumir con alegría, entrega y pasión, desde la vivencia del Evangelio que nos acerca y nos salva, esto es, nos ayuda a vivir con la dignidad propia de las personas de hermanos e hijos. Visitas a los kodoros y animar la vida de sus capillas, atención a los jóvenes, apoyos educativos y sanitarios sobre todo, marcarán mi tarea pastoral en estos años. Un tiempo precioso en el que, como no puede ser menos, sentimos que Él está en medio nuestro, Él hace camino con nosotros, Él siempre va delante.

sábado, 7 de octubre de 2023

BUNGBI

Cuando me pongo ahora a escribir, lo hago después de varios días sin conexión. Cuando falte a la cita unos días… ya os podéis imaginar. He estado en M’bata y la señal es débil.  Si el pasado fin de semana concluyeron aquellos días de asamblea diocesana, desde el jueves hasta el domingo hemos celebrado el consejo pastoral de la parroquia de M’bata. 107 personas acampadas en las instalaciones de la parroquia. Son los representantes de las 12 capillas en las que se organiza el territorio de la parroquia. La parroquia tiene 12.000 fieles, el resto de las capillas unos 38.000. Un día para hacerles partícipes de la asamblea diocesana. El otro, para tratar asuntos de la parroquia. Participan también los movimientos que la forman en más de una veintena larga. Días de escucha compartida. Días en lo que percibo la buena acogida a mi persona por parte de todos: niños y jóvenes en multitud, y adultos. 


Aquí hablan todos y todos se escuchan. Aun discrepando lo hacen con grande respeto. Ahora mismo vengo de la reunión de los monaguillos que en número de unos 50 son dirigidos por jóvenes. Es impresionante percibir el respeto al mayor, aunque éste sea joven. Se reúnen dos días por semana, rezan, leen el Evangelio, reciben la formación y se programan. El criterio de autoridad lo vertebra todo. 

Son un ejemplo, también ellos, en algún aspecto, ¿no?. En M´baïki he dejado a un grupo de 25 catequistas de todas las parroquias que durante cuatro meses reciben una formación pastoral, teológica y bíblica. Y ocurre lo mismo. Acampan con sus familias en esta experiencia de larga estancia, se procuran de todo, labran sus huertos, cuidan sus gallinas, hacen trabajos de madera de aquello que necesitan, o de albañilería, o de costura. Se organizan para una estancia y experiencia de meses, hasta Navidad.

Se percibe el omnipresente problema de la escasez de recursos y de dinero. Sufren las consecuencias de un país no comunicado, carente de carreteras y servicios. Son víctimas también de sus tradiciones que les hacen a menudo caer en supersticiones, sectas, santerías. Los catequistas son pieza clave para mantener la fe de los cristianos entretanto llega el sacerdote. Imaginaos que un territorio como Galicia es atendido por 22 sacerdotes, de los cuales sólo 7 son gallegos. Otros 10 son religiosos de diversas congregaciones, por lo general de fuera y 5 diocesanos (1 de otra diócesis de este país, 2 polacos y 2 españoles). La diócesis es grande en extensión y pequeña en medios. Una de las prioridades precisamente es el seminario, cultivar vocaciones de ellos mismos para ellos mismos. Tardarán unas décadas en ello, no en vano la diócesis es de reciente creación (1995). Una iglesia local que no es perfecta, como todas y en la que conviven las grandezas con las miserias.

Como están tan faltos de formación, aquí todo es “Bungbi”, esto es: reunión, convivencia, encuentro. Todos se saben parte de un todo que hay que cuidar y construir. Conscientes de su pasado, no lo son de su futuro, por eso valoran y estiman el presente. Es una de las lecciones de esta tierra. Las programaciones están muy bien pero cuando hay que hacer algo aquí, hay que hacerlo ya, porque eso de “¡mañana!”, en estas coordenadas no funciona. El mañana está a merced de demasiados condicionantes, alguno de ellos muy elemental, como la misma climatología.  

Una religiosa ruandesa me decía hace nos días: “Padre, ¿te imaginas nacer aquí, vivir aquí y morir aquí, como la gran mayoría de esta gente? Ajenos a otro mundo, preocupados por el día a día, viven inmersos en una cultura de supervivencia. De ahí que resulte un tanto difícil hacerles partícipes de alguno de nuestros principios para vivir. Estamos ya entrando bien en este mes y aún muchas escuelas no han comenzado sus cursos, que oficialmente estaba marcado para mediados de setiembre. Todo esto te hace pensar sobre la tiranía estructural de la pobreza. 

En cualquier caso hay que ser consciente de que los protagonistas de salir de esta situación son ellos mismos. Nosotros sólo les acompañamos, es verdad que de muchos modos, pero firmemente convencidos de que no se hará nada sin ellos, con ellos y por ellos. Quizá un buen comienzo para esto, sea precisamente estar unidos. Esta esperanza es alimentada cuando se contempla el rostro de la pobreza y ves que también, como nosotros, sonríe.

FIN DE PISTA

Hay palabras y lugares que todos guardamos en el libro de nuestras vidas con una honda significación y sentido. Todos tenemos palabras, olor...